La tensión en Grimmauld Place se desató de nuevo entre sus miembros. Sirius, con el rostro pálido y suspiros insoportables, aún dudaba en soltar la manija de la puerta. Remus también estaba allí, pero le quedaba poco por hacer ante el horrible silencio y las miradas que Penélope le dirigía.
La ahora Señora Lupin estaba ya de nueve meses, y su respiración se agitaba con el simple hecho de pensar en ser abandonada. El muro que ella les había levantado era imposible de ignorar.
—No voy a permitirlo, padre —dijo con voz rota, acariciando su vientre—. Si cruzas esa puerta, para mí estarás muerto.
Sirius apretó la mandíbula. Ser ignorado por su hija dolía más que todos aquellos fantasmas que lo persiguieron en Azkaban. Sabía que por ir a buscar a sus amigos aquella noche de octubre, había dejado a Penélope en un orfanato, abandonada por si algo le sucedía, pues su linda esposa había sido asesinada por Bellatrix Lestrange después de dar a luz a su primogénita.
—No entiendes, Penélope. Harry está en peligro. No es solo el hijo de James, es mi ahijado. Soy su padrino, tengo un deber con él. ¡James y Lily murieron por esa causa, y yo no pienso quedarme de brazos cruzados!
Penélope lo miró con lágrimas en los ojos y replicó con más fuerza, recordando todas las noches en ese orfanato muggle donde la castigaban sin razón, y cómo Sirius, por la culpa de no haber ayudado a sus amigos, prefirió seguir encerrado a ir a buscarla. No fue sino hasta que vio a Peter Pettigrew en el periódico, en brazos de Ron, que decidió salir a luchar por la verdad.
—Hasta Malfoy sabe ser mejor padre que tú —escupió Penélope, con la clara intención de herir el orgullo de su padre.
—No vengas con eso —le contestó él.
—¿Y tu deber conmigo? ¿Y tu deber como padre? ¿Qué hay de tu nieto? ¡Bellatrix te odia, padre! Me odia a mí, odia a Tonks. Somos traidores de la sangre para ella. No voy a dejar que Harry Potter te siga arrebatando de mí. No voy a soportar que la historia vuelva a arrancarme lo que puedo seguir conservando.
Remus intentó acercarse, murmurando apenas una tregua entre sus palabras.
—Penélope, si Sirius y yo lo hacemos, es porque le debemos nuestra vida a James y a Lily. No pudimos hacer nada por ellos. Harías lo mismo tú por cualquier Weasley.
Ella lo fulminó con la mirada, su mano apretando con fuerza su vientre, como protegiendo lo único que le quedaba. Pensó que ambos hombres podrían cambiar, al menos con ella. Jamás les rogó una disculpa: a Sirius por haberla dejado, y a Remus por no haberla buscado tampoco cuando era niña. Y ahora que estaban recuperando un poco de todo, a Penélope le quedó claro su lugar.
Alzó la mirada y la dirigió a ambos.
—Si lo hacen, si cruzan esa puerta, me marcharé. Me iré de Gran Bretaña con mi hijo. Los desconoceré a ambos. No habrá abuelo ni padre para él, y jamás me volverán a ver.
Sirius comprendió que no era broma, y esas amenazas dolían igual que las maldiciones. ¿Así de grande era el dolor de su hija?
Remus se aturdió con lo que escuchó. Creyó que esas palabras eran un simple berrinche, tal vez fruto de las emociones del embarazo; no la iba a culpar, pero tampoco podía abandonar al Ejército de Dumbledore que peleaba contra los mortífagos.
Remus fue el primero en avanzar por esa puerta, no sin antes intentar besar la cabeza de Penélope y pedirle que esperara para hablar con él después.
Ella se alejó, claro, y subió a la habitación en esa casa.
Fue Tonks quien irrumpió en ese momento. Estaban por ir al Ministerio cuando ella los hizo abrir los ojos.
—No la subestimen. No es un berrinche. Penélope está frágil, paranoica por perder a los que ama. ¿Cómo culparla? Si ustedes dos se van, habrá más de una persona que la ayudaría a huir, solo para dañarlos a ustedes. Y créanme, en este estado, hay más de una persona manipulable capaz de convencerla.
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One shots Harry Potter II
FanficSegundo libro dedicado a historias con los personajes de Harry Potter, espero que les guste. Mei 🤍
