Algo estaba ocultando Sakura y todos lo notaban. Ya no era solo que se la pasaba más en su habitación, Chaewon y Kazuha habían notado otras pistas. Estaba evitando las películas románticas, se retiraba de la mesa cuando mencionaban algo que aún no sabían que y cuando jugaba con Eunchae tenía algo de pesimismo. Como la vez que hizo que el señor rana le diera una cachetada al pingüino.
Algo ocultaba Sakura.
—¿Tú sabes algo?—le preguntó Chaewon a Eunchae.
La menor negó con la cabeza mientras miraba a sus perros animados favoritos y dejaba de Chaewon jugara con su cabello.
—¿Y si investigas?—Eunchae dejó de ver su serie para ver a su madre. Nada ni nadie podía hacer que apartara la mirada de su serie favorita, pero hacer de detective superó a esos perros.
—¿A Kura?—miró a Sakura que se encontraba colocando la mesa con Yunjin.
—Pero tienes que ser la mejor espía del mundo—susurró Chaewon—ni siquiera tus muñecos deben de saberlo, ¿okay? Es una misión de ultra mega secreta.
—Mamá.
—¿Sí?
—¿No que no tenía que ocultarles nada?
—Cierto—entrecerró los ojos y acarició su mentón.
No podía hacer que Eunchae aprendiera a mentirles ni a ocultarle algo. Con mucho esfuerzo y amor, estaban creando un ambiente sin secretos (o al menos ante los ojos de Eunchae). Si alguien rompía algo, no lo ocultaba. Si alguien se comió lo que quedaba de algo, no se ocultaba. Tampoco cuando mentían cuando se llevaban a Eunchae a comer algo en secreto, se entraban cuando volvían.
Eunchae no debía de enterarse de las otras cosas que le ocultaban.
—Dos días—dijo luego de pensarlo mucho—. La misión secreta durará dos días y luego confesaremos todo ¿sí?
—¡Sí, mamá!—respondió como un soldado.
—¿Sí qué?—preguntó Sakura al escucharla y Eunchae se tapó la boca con sus dos manitas mientras se reía.
—Lo sabrás en dos días—dijo Chaewon, levantándose para cenar.
—No me malcríes a la niña—murmulló Sakura, dándole un leve tirón de oreja a Chaewon.
Al sentarse a comer, Eunchae comía como si fuera un robot. Era su primer secreto y no sabía como existir con eso en su cerebro. Chaewon también estaba algo tiesa. Sacarle algún tipo de información a Sakura era una misión casi imposible. Llevaba muchos años siendo su amiga y sentía que no sabía nada de ella.
Se demoró en saber que tenía pareja. La conoció en su etapa rebelde, cuando iba a las fiestas, pero solo la veía de lejos. Solía estar sobre la mesa, gritando como si fuese una luchadora o si no estaba coqueteándole a cualquier mujer. Ella fue una de sus presas, también una con las que peleó, pero en su mayoría Sakura era la mujer que siempre le sujetaba el cabello cuando vomitaba por beber mucho.
En la universidad, Sakura tenía una imagen que hacía que los estudiantes y los profesores mantuvieran su distancia por el miedo que le tenían. Una vez la escuchó hablar sobre una vez que discutió con una amiga de una secta. Aunque lo que de verdad le demostró que no conocía a Sakura fue cuando se sentó a su lado un día en el hospital. Ambas estaban golpeadas, pero nunca supo por qué Sakura lo estaba.
Solo sabia que luego de eso, Sakura se convirtió en esa mujer madura y tranquila que la familia conocía.
Y Eunchae comenzó a hacer sus movimientos de espía.
—Mamá—dijo y Sakura salió rápidamente de su mente para mirar a su hija con cariño.
—¿Sí?
—¿Puedo dormir contigo?
—Claro, mi amor.
—Pero hoy me—Chaewon pisó con fuerza el pie de Kazuha—. No dije nada—susurró con dificultad.
Eunchae asintió con la cabeza, agarró los platillos y dirigió su mirada a la televisión para seguir con su seria favorita ¿Qué haria Chase en esta situación? El cachorro policía, su modelo a seguir de su serie favorita, sabría qué hacer en una situación así. Él no solo era un policía, también era un súper espía. Eunchae quería ser igual que él.
Se puso derecha y con el mentón en alto escuchó con mucha atención las palabras de su ídolo. Kazuha también veía la serie, tan pegada a la trama que ni siquiera escuchaba a sus amigas.
Al terminar la cena, cada una se fue a su habitación. Eunchae se quedó en la puerta, ya estaba con el pijama y estaba tiesa, con la mirada por toda la habitación de su madre. Haciendo un escáner en busca de un objeto sospechoso. Sakura sacó una de sus cámaras para sacarle una fotografía a su hija, se veía tierna así en la puerta.
—¿Ya te estás arrepintiendo de dormir conmigo, mi amor?—preguntó luego de sacarle más de 10 fotos.
—No, ¿Tú estás arrepentida de dormir conmigo?—caminó lento hacia adentro.
Sakura negó con la cabeza, pero no le molestó su pregunta, tampoco quiso responderle. Esos eran comportamientos heredados de Kazuha.
Eunchae se metió a entre las mantas, pegada a la pared y abrazando el peluche que Sakura le tenía en su habitación. Su cuerpo tembló un poco, feliz de estar en la cama de su madre. Agitó sus piecitos y su madre se acostó a su lado. Las luces se apagaron y Sakura la abrazó por la espalda.
—¿Tuviste un buen día? —preguntó Sakura mientras acomodaba la cobija.
—¿Tú tuviste un buen día?
Eso hizo reír a su madre.
—Supe que Yunjin te acompañó al parque ¿La pasaste bien?
—¿Tú la pasaste bien?
—¿Vas a responderme solo con preguntas?
—¿Tú vas a responderme solo con preguntas?
Eunchae sacó su cabeza entre las mantas y se dio vuelta para ver a su madre a los ojos. Sakura sonrió un poco, queriendo demostrar que realmente necesitaba pasar tiempo con ella. Aunque la menor pudo ver más que eso. La notó triste y es por eso que la abrazó con todas sus fuerzas.
Había algo en Eunchae, una especie de luz, o tal vez era simplemente ese instinto misterioso que tienen las hijas con sus madres, que logró atravesar todas las defensas. Sakura sintió cómo se desarmaba en ese instante.
Respondió el abrazo, acaricio su espaldita, soltó todo el aire de sus pulmones y sus ojos comenzaron a soltar lágrimas.
La vida adulta la estaba aplastando. No estaba lista aún para esta etapa de la vida. Le dolía la espalda, el cuello, el alma. No sabía qué hacer en muchas situaciones. Dudaba de sí misma todo el tiempo. El trabajo la estaba consumiendo; las jornadas se extendían más de lo prometido y ahora le pedían turnos extra que no podía rechazar por el miedo de fracasar en su primer trabajo, aunque su cuerpo rogara por descanso. Cada vez se le hacía más difícil levantarse en las mañanas sin esa sensación de fracaso.
Los tramitas, los pagos que trataba contantemente en no olvidar en pagarlos, la difíciles relaciones con los vecinos, las aun peor relaciones sociales con sus compañeros de trabajo. El deseo de no estar en la oficina, pero cuando lograba salir, sentía la ansiedad de que debía de seguir trabajando. No podía estar tranquila dentro ni afuera de ese lugar. Ni siquiera podía disfrutar las cenas con su familia.
No, no estaba lista para ser adulta.
Y el estrés estaba haciendo que tomara malas decisiones y, así, estaba teniendo una semana horrible.
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Las Madres De Eunchae.
Fiksi PenggemarCriar un bebe es dificil, todo el mundo lo sabe y es por ello que hay tantos talleres de preparación. Criar a Eunchae tambien es dificil y mas si lo hacen 4 chicas sin experencia. 040923 primer lugar en Lesserafim
