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XXXIV. Iglesia.

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—Acá no puedes hacer mucho ruido —dijo Sakura arrodillada ante su hija, pero mirando a Yunjin y a Kazuha—. Es un lugar sagrado donde debemos de demostrar mucho respeto. 

Las tres asintieron con la cabeza, mientras que Chaewon miraba alrededor.

Puede que ella sepa callarse, pero no a controlar sus expresiones. En ese momento se encontraba juzgando a toda la gente que se encontraba entrando al lugar, sus edades, su vestimenta y hasta sus peinados. Todo concordaba con el estereotipo de persona aburrida que va a la iglesia todos los domingos.

Ninguna solía recurrir a ese lugar, por lo que tampoco sabían mucho qué decirle a Eunchae de cómo debería de rezar. La que más había ido a una iglesia era Yunjin, que en su juventud fue parte del coro, pero nunca le puso atención a las cosas relacionadas con la religión. Ella iba a cantar y a sociabilizar. Por otro lado, estaba Chaewon, que había sido criada por otra religión.

Sin embargo, luego de cuatro días después de alta a Eunchae, Sakura se levantó temprano para obligar a todas a vestirse adecuadamente para agradecer que todo salió bien en la operación.

—Dios debe de estar retorciéndose al ver nuestra familia —murmulló Chaewon mientras caminaban hacia las bancas, haciendo reír a Kazuha que se tapó la boca con su mano para tapar su sonrisa, y que Sakura la mirase con odio.

Primero iba Chaewon, luego Sakura, Eunchae, Yunjin y al final Kazuha. Al sentarse, todas se sintieron incómodas. ¿Y ahora qué? Eunchae balanceó sus piecitos, feliz solo por estar usando el hermoso vestido blanco con estampado de flores rosadas. Se sentía el ser más hermoso del mundo. Estiró sus pies para mirar sus hermosos zapatitos, que eran increíblemente incómodos y no se los sacaba solo porque eran hermosos.

—¡Buenos días!—gritó un hombre vestido de blanco en el  altar, asustando a Eunchae y a Kazuha. Luego de un largo silencio, donde Eunchae volvió a bajar la mirada para ver sus zapatitos, volvió a hablar fuerte y claro —¿Qué es el camino?—Eunchae saltó nuevamente del susto—. Es la línea que te lleva al destino, la vida. ¿Y hacia dónde quiere Jesús que vayamos?

Eunchae ni siquiera sabía quién era Jesús como para seguirle el hilo a lo que el hombre de blanco decía. Es por eso que, luego de pensar un poco, llegó a la conclusión de que era ese hombre sentado en una silla cerca del hombre de blanco. Que era muy tímido como para hablar por sí solo, como su amiga Haerin que solía hablar muy poco en comparación a sus otros amigos. ¿Cómo habrá terminado el slime que estaban haciendo? Sonrió un poco cuando su mente comenzó a imaginarse un slime gigante y con ojitos, convirtiéndose en su amigo.

Kazuha se rascó la oreja y se tapó la boca para que no la vieran bostezar. Al dedicarse toda su vida al ballet, no estaba acostumbrada a estar sentada viendo a alguien hablar. Era inquieta y eso le era un problema hasta cuando iba a un cine. Se rascó el cuello y luego miró a Yunjin, parecía escuchando bien al padre. Se inclinó un poco hacia adelante y sonrió ante la ternura de ver a Eunchae que parecía poner atención. Quiso sacar su celular para sacarle una foto como recuerdo, pero una mano la interrumpió.

—Ponga atención, señorita —le susurró la viejita que estaba sentada al lado suyo—. Esto le servirá mucho en la vida —le quitó el celular a Kazuha y lo guardó en su cartera.

—Perdón —susurró Kazuha, quien se puso recta para mirar al padre.

—Se dice que todo exceso es malo. En efecto, son perjudiciales los excesos en las cosas de este mundo; pero la oración es una excepción—Kazuha asintió con la cabeza a lo que escuchó sin siquiera poniéndole atención a las palabras. Había otra cosa mucho más importante en su cabeza: recuperar su celular.

Sin dejar de asistir, movió un poco su cabeza para mirar la cartera y la punta de una de las esquinas de su celular. Pensó que sería fácil. Movió con mucha muchísima lentitud su mano, aun asintiendo ante las palabras.

Las Madres De Eunchae.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora