Recuerdos (42)

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Esta historia empezo hace apenas unas decadas, cuando todo el continente vivia en tranquilidad luego de siglos de guerras y tragedias.

El continente occidental ha sido la region central mas habitada de dragonia, apesar de contar de contar con pocos paises es el lugar a donde mas se viaja y se trabaja.

Pero de entre los pocos paises que lo conformaban habia uno en especial... cerrado y distanciado del continente.

Kurstania

Un país lejano al norte, Kurstania, compartía frontera con el helado pais de Vernoa. Sin embargo, pese a su cercanía, ambos reinos apenas mantenían contacto. Las fronteras de Kurstania estaban fuertemente militarizadas, y sus puertos permanecían cerrados al extranjero. Salvo por el comercio exterior estrictamente controlado, era raro ver un forastero dentro de sus tierras.

El país se regía bajo el dominio de la Iglesia Occidental, dirigida por la enigmática Santa Madre Suprema y su séquito de fieles.
La estructura social de Kurstania era tan rígida como su fe: el reino estaba dividido en dos grandes secciones.

En la zona alta, resplandecían los templos, monasterios y mansiones de los Papas, monjes y nobles, quienes vivían rodeados de lujos y dogmas sagrados.
Mientras tanto, en la zona baja, reinaba la miseria. Calles sombrías plagadas de pobreza, barrios rojos y un comercio desbordado de alucinógenos, tanto mágicos como naturales, reflejaban el rostro olvidado del reino.

Kurstania era, en esencia, un país de devoción y decadencia, donde la fe servía de máscara a una sociedad al borde de la podredumbre.

Pero a pesar de toda la indiferencia que reinaba en el país... existía una pequeña flor nacida en los barrios bajos.

-¿Mami... otra vez te irás? -preguntó con una voz temblorosa.

Sus pies descalzos tocaban el suelo frío, su ropa eran harapos cubiertos de polvo, y su cabello castaño, enmarañado y sucio, caía sobre su rostro. Aun así, en medio de tanta miseria, en sus labios florecía una sonrisa inocente, una que solo los niños son capaces de ofrecer a quienes aman.

-No molestes. Ya te dije que me esperaras... tks. -La mujer chasqueó la lengua con fastidio, sin siquiera mirarla.

Terminó de pintarse los labios frente a un espejo roto, repasó el maquillaje sobre su rostro y, tras una breve sonrisa de satisfacción, le entregó una pequeña bolsa de cuero a la niña.

-Toma esto. Guárdalo y vete a dormir.

La "casa" de la niña no era más que el espacio bajo un puente, donde el eco del río acompañaba sus noches solitarias. Aun en la pobreza, todo estaba cuidadosamente ordenado: unas mantas remendadas, una lámpara de aceite casi vacía y un trozo de pan envuelto en tela. Era su mundo, diminuto... pero suyo.

-De acuerdo, mami... Yo te esperaré, ¿sí? -dijo la niña con entusiasmo, abrazando la pequeña bolsa de cuero contra su pecho-. ¡Papá seguro llegará pronto, así que Kamery limpiará todo!

Su voz resonó entre las sombras del puente, llena de una esperanza que no conocía límites. Sostenía la bolsita como si fuera su tesoro más preciado, mientras observaba a su madre alejarse.

La mujer apenas la miró de reojo, ajustó su vestido y se marchó sin decir palabra, dejando tras de sí un embriagante olor a perfume barato que se mezcló con la humedad del lugar.

Kegare no YuushaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora