La Verdad (37)

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Mi nombre es Gaciel, Gaciel a secas. jamas tuve apellido ni lo tendre.

Gaciel es una niña obediente, teniendo que sufrir maltratos desde los 8 años... vivi como esclava resignada a la vida y la libertad, pero ahora... viendome al espejo, mi antigua apariencia contrastaba tanto que dudaba si era un sueño.

Mi piel anteriormente palida relucia, llena de vida y mi cabello emarañado caia suavemente en dos coletas, traia un vestido blanco con encajes y unoz zapatos blancos,  Gaciel no pudo evitar sorprenderse, observando fijamente y ver si es o no una ilucion.

—¿Te queda bien?

Preguntó Ylla suavemente detrás de mí. A través del espejo, pude ver su sonrisa... y luego me vi a mí misma una vez más. Aquella imagen me resultaba irreal. Gaciel dudaba seriamente si esto era un sueño o una pésima broma... pero no. Lo supe con solo ver su mirada: de verdad se preocupaba por mí. Que... que Gaciel aún puede cambiar.

—Sí... A Gaciel le gusta mucho. De verdad, gracias.

Por un instante, todo pareció más ligero.

Ylla y su padre han cuidado de mi como nadie mas lo ha hecho, los dias ya no son temerosos para Gaciel, al fin puedo comer, puedo descansar, despues de que tantas malas personas atacaran a Gaciel...

—Entonces vamos! Papa esta esperando!

Ylla me toma la mano, su mano calida y suave me agarra como si no quisiese soltarme, asenti con un sonrisa.

—Si!

Puede que no los conozca por mucho tiempo... pero Gaciel quiere quedarse con ellos en este hogar, para siempre...



Imperio celestial.

Ciudad Ranmia, Hogar de los dragones imperiales se trataba de vastos territorios que flotaban en el cielo, nadie aparte de los dragones primarios tiene permitido pisar ahi.

Los pocos humanos que se veian eran esclavos, asi como demi humanos que jamas se atrevian a alzar la mirada, los dragones primordiales gozaban de una prosperidad, de una paz que con sangre y conquista consiguieron.

descendieron a Dragonia hace miles de años y desde entonces han esclavisado a toda raza, tal es su poder que incluso los demi humanos, orgullosos de su fuerza se doblegaron a ellos.

En el centro de Ranmia se ubicaba el palacio celestial, donde el autoproclamado "Dios" gobernaba.

Los dragones primordiales lucian casualmente en una apariencia humana, aunque en los cielos de la misma ciudad criaturas colosas aladas volaban libremente, las calles de la misma era poco usada.

Dentro del palacio celestial se celebraba una reunion poco habitual, el lugar de reunion era un salon decorado con paredes bañadas en oro, y cristales de esmeralda, una mesa redonda y larga en el centro del mismo, y ocho asientos ocupados en su totalidad, los temidos dragones imperiales.

—Agradezco a todos y cada uno de los que han asistido esta vez.

Un hombre de aspecto mayor traje negro y cabello cenizo hablo, sentado desde el centro de una enorme mesa, a su alrededor diversas miradas lo seguian.

—No es gran cosa Kanael! pero dinos, ocurre algo con su santidad?

Seguido de el una de las figuras hablo, agitando la mano, su cabello purpura meciendose, un chico de aspecto juvenil.

—Me gustaría que esta reunión no se alargue demasiado —añadió con voz grave otro de los presentes. Sentado al fondo de la mesa, vestía un traje blanco y mantenía los brazos cruzados. Su mirada vagaba distraída por la sala—. Debo ver a mi amada.

Kegare no YuushaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora