Extra Ym✨

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Estado : Aveces mi romance perfecto es como el del florista con la realidad alterada y al streamer que ya parece fantasma











Jimin se había acostumbrado al sonido de la campanilla en la puerta de su florería. Era una melodía suave, aguda y cálida, como él. Pero había algo especial en cómo sonaba a las tres de la tarde. Siempre a la misma hora, siempre con el mismo silencio torpe y la misma mirada evasiva. Era el chico pálido de cabello negro que venía casi todos los días a comprar flores. Nunca decía mucho. Solo observaba los ramos, elegía uno sencillo —generalmente con peonías o margaritas— y se iba. Al principio, Jimin pensó que tenía una novia o alguien especial a quien quería impresionar. Pero con el tiempo se dio cuenta de que, por alguna razón, siempre lo miraba a él más que a las flores.

Un día, mientras organizaba unas gardenias blancas, lo vio entrar y sin pensarlo lo jaló del brazo hacia adentro.

—¡Ven! Necesito contarte algo y no tengo a quién más decírselo —dijo con la voz acelerada, arrastrándolo hasta el mostrador lleno de flores recién cortadas.

El chico se quedó quieto, parpadeando un par de veces como si no supiera cómo había llegado ahí tan rápido.

—Soy Jimin, por cierto. Y tú vas a ser mi cómplice a partir de ahora. —Le sonrió.

Así fue como Yoongi —ese era su nombre, como él le confesó días después— se convirtió sin querer en el receptor de todas las historias de Jimin. Le contaba cómo su mejor amigo Jungkook no paraba de suspirar por Kim Taehyung, el hijo menor de una familia religiosa que probablemente lo exorcizaría si se enteraban. Le hablaba del cabello de Taehyung, de los dibujos en sus libretas, de cómo Jungkook se quedaba idiota pensando en el durante las clases de la historia de Jean Piaget.

Y Yoongi solo asentía, a veces con una sonrisa ladeada, otras fingiendo molestia cuando Jimin lo sacaba de clases o lo arrastraba de improviso a la pastelería de Kim Seokjin, donde acabó trabajando por insistencia del propio Seokjin y... porque Jimin decía que así estarían más cerca.

—¿No crees que me usas mucho como diario personal? —le dijo un día mientras acomodaban cupcakes de limón.

—Tal vez —respondió Jimin encogiéndose de hombros—. Pero eres lindo cuando te sonrojas y haces como que no te importa.

Yoongi gruñó por lo bajo, pero el rubor en sus mejillas no mintió.

Con el paso de los meses, el chico pálido dejó de ser solo "el cliente de las tres". Se volvió parte del grupo. Hoseok lo saludaba con palmadas fuertes, Seokjin le guardaba siempre una caja de galletas, y Jungkook incluso lo había invitado a jugar videojuegos en línea.

Esa noche, Yoongi encendió su stream como siempre. Sus seguidores llenaron el chat con mensajes, emojis y preguntas.

—Hace mucho que no se ven flores en tu habitación, hyung —dijo uno de los comentarios—. ¿Ya no las compras?

Yoongi sonrió sin despegar los ojos de la pantalla.

—No hace falta —respondió con voz tranquila—. La persona para la que las compraba... ahora la veo casi todos los días. Y honestamente, parece que vive más en mi casa que en la suya.

El chat enloqueció.

"¿¡Quién es la afortunada!?"
"¿Es tu novia?"
"¡Queremos saber quién te robó el corazón!"

Yoongi soltó una carcajada corta, cálida.

—No es una novia. Y no es una chica —dijo simplemente, con una sonrisa que solo los que lo conocían bien sabían que significaba más de lo que decía.

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