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Estado: Ninguna flor se compara con tu belleza, tan bello como una peonias y tan delicado como un flor de cerezo...





El camino hacia la gran casa de los Jung estaba envuelto en una brisa fresca y el aroma a tierra húmeda tras la lluvia. La hacienda se alzaba imponente en medio del paisaje, con su arquitectura señorial y amplios ventanales reflejando la luz del atardecer. A cada paso, los chicos no podían evitar mirar a su alrededor con asombro, admirando la inmensidad del lugar.

—Esta es la casa del que siempre dice que no tiene plata... —comentó Yoongi en tono burlón, sin soltar la mano de Jimin.

Hoseok, en lugar de ofenderse, soltó una carcajada y sacudió la cabeza con diversión.

—Oigan, ¿van a seguir admirando la casa o prefieren verla por dentro? —dijo, guiándolos hacia el interior.

Cada habitación era más impresionante que la anterior, con grandes cuadros adornando las paredes y muebles de madera que parecían sacados de otra época. Hoseok los llevó hasta una de las salas donde distribuiría los cuartos, observándolos con una sonrisa traviesa.

—Muy bien, chicos, ahora organicemos dónde dormirá cada quien —anunció.

Cuando vio que comenzaban a agruparse por voluntad propia, los detuvo levantando una mano.

Taehyung había tomado la mano de jimin inmediatamente mientras que Seokjin no lo habia pensado dos veces para llevarse a Yoongi del cabellos haciendo que el pálido soltara una queja.

—Nada de eso. Jungkook y Taehyung van juntos. Jimin y Yoongi compartirán habitación. Y por último... Namjoon con Seokjin para que arreglen sus problemas matrimoniales.

Namjoon lo tomó con naturalidad, pero Seokjin palideció de inmediato, claramente sin esperarse aquel destino. Hoseok rió por lo bajo y les dio un leve empujón hacia sus respectivos cuartos antes de que pudieran quejarse.

Poco después, cada uno se dispersó por la casa, explorando los pasillos y rincones con curiosidad. Sin embargo, Taehyung fue el único en alejarse hasta la zona de los jardines. Caminó en silencio entre los senderos iluminados tenuemente por faroles, perdiéndose en el murmullo del viento entre los árboles.

Jungkook, notando su ausencia, decidió seguirlo a la distancia. Se detuvo cuando lo vio bajo un gran árbol de cerezos, sus pétalos cayendo suavemente como copos de nieve rosada. Se acercó con paso seguro, quedando a su lado.

—¿Recuerdas algo de anoche? —preguntó, su voz baja pero cargada de significado.

En muy dentro de él, deseaba que Taehyung lo recordaba.

Aún tenía esperanzas de enamorar al menor.

Taehyung sintió su pecho apretarse un poco, pero fingió ignorancia, desviando la mirada con un gesto despreocupado.

—No... No mucho, creo que bebí más de lo que debía —mintió.

La verdad era otra. Recordaba claramente el fugaz beso que le había dado a Jungkook en la madrugada. Recordaba la calidez de sus labios, lo inesperado del momento, y sobre todo, cómo su corazón se había acelerado en respuesta. Pero no podía admitirlo. No aún.

El silencio se instaló entre ellos hasta que Taehyung, de manera instintiva, comenzó a tararear una melodía. Jungkook frunció el ceño por un instante, tratando de identificarla, hasta que su rostro se iluminó con reconocimiento. Era Veo en ti la luz, de la película Enredados. Sin pensarlo, empezó a cantar suavemente la letra, dejando que su voz se mezclara con la brisa nocturna.

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