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Nota:  "No sabía cuánto lo había extrañado hasta que lo tuve otra vez frente a mí, sonriendo igual que antes." - Jh


La tarde caía con lentitud, cubriendo el cielo de un color entre dorado y violeta. El sol se deslizaba detrás de los edificios y el aire traía consigo el aroma a tierra húmeda y café recién hecho. Desde la calle, se escuchaban las risas que escapaban por las ventanas abiertas de la casa de Jungkook, como si el tiempo hubiera retrocedido algunos años, a esa época donde todos podían reír sin miedo, sin heridas que pesaran tanto.

En la sala, Yoongi y Jimin ocupaban el sofá grande, rodeados de tazas, almohadas desordenadas y una energía caótica que sólo ellos podían mantener. Jimin sostenía una taza con ambas manos, mirándola con expresión de drama exagerado, mientras Yoongi trataba de no reírse demasiado.

—Te dije que no hicieras tu chistesito del café, Min Yoongi —dijo Jimin, mirándolo con el ceño fruncido y el labio temblando de risa contenida.—Era por experimentar —replicó Yoongi, encogiéndose de hombros con indiferencia—. Hay que innovar, no seguir las reglas.

Era algo que Jin decía cada que debían comerse la porquería que le salía mal.

—¡Era café, no una receta de Seokjin! —exclamó Jimin, ofendido, aunque no podía ocultar la sonrisa que se asomaba en la comisura de sus labios.

Yoongi lo observó de reojo y sonrió de forma apenas perceptible, esa sonrisa pequeña que era su forma de decir "te quiero" sin palabras.—Aun así, sigues bebiendo —le dijo con voz baja y burlona.—Porque no pienso dejarte ganar ni en esto —respondió Jimin, dándole un sorbo elegante antes de hacer una mueca y lanzar un cojín en su dirección.

El golpe del cojín fue seguido de risas y de un murmullo cálido que llenaba la habitación. Entre tanto caos, Jungkook apareció en la terraza con una guitarra en las manos. Las cuerdas sonaban suaves bajo sus dedos, afinando de oído, mientras Taehyung se acercaba despacio, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta y dejando que la luz del atardecer pintara su rostro con reflejos anaranjados.

—Últimamente todo se siente... distinto —murmuró Taehyung, con la vista perdida en el jardín donde las flores comenzaban a cerrarse.—¿Distinto cómo? —preguntó Jungkook sin levantar la vista, tocando un acorde suelto—. ¿Distinto bien o distinto raro?

Tae se encogió de hombros. —Supongo que ambos. Como si las cosas estuvieran volviendo a su lugar, pero yo todavía no sé exactamente dónde encajo.

Jungkook soltó una risa baja, esa que sonaba como un suspiro al final de una canción. Luego levantó la mirada y lo observó con calma.—A veces las piezas no encajan... solo aprenden a quedarse cerca —dijo, dejando la guitarra a un lado.

Las palabras flotaron entre ellos, tan simples pero tan cargadas de sentido, que por un momento Taehyung no supo qué responder. Miró al suelo, luego a Jungkook, y notó en su mirada una serenidad nueva, algo que antes no estaba ahí.—¿Y tú? —preguntó al cabo de un rato

—. ¿Te sientes feliz? 

Jungkook pensó en silencio, observando sus propias manos.—Creo que sí —respondió al fin—. Pero no porque todo esté bien... sino porque ya no me da miedo intentarlo.

Taehyung sonrió con suavidad. Y en ese instante, el viento sopló, levantando el flequillo de ambos y trayendo consigo el sonido de risas desde la cocina. Era el tipo de momento en que uno quisiera quedarse a vivir, donde no pasaba nada extraordinario, pero todo se sentía en paz.

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