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Estado: Una partida de roblox mientras los demás tienen problemas


El amanecer se filtraba por la ventana del departamento de Jungkook, tiñendo de naranja las cortinas. El bote de helado vacío seguía sobre la mesa, junto a dos cucharas y un silencio dulce.

Taehyung despertó sobre el sofá, cubierto con una manta. Jungkook estaba en el suelo, dormido, con la cabeza apoyada en la orilla del sillón y una expresión tranquila.

Por primera vez en mucho tiempo, Tae no sintió miedo. Solo una ligera punzada de culpa.

Se sentía mal por tratar mal a su padre...después de todo aquel hombre se notaba arrepentido.

Se incorporó despacio, aún con los ojos hinchados por el llanto de la noche anterior. Recordó las palabras de su padre, los sollozos de Namjoon, el nudo en la garganta. Y sintió que, aunque dolía, ya no lo asfixiaba tanto.

—¿Dormiste bien? —preguntó Jungkook con voz ronca, sin abrir los ojos.

—Más o menos —susurró Tae, sonriendo apenas.

—Entonces el helado funcionó —bromeó Jungkook, incorporándose con pereza y el cabello despeinado.

Tae soltó una risita leve. Había algo en él, en esa capacidad de volver ligera cualquier tragedia, que le daba calma.

Esa misma tarde, Tae fue hasta la cafetería de Seokjin. El lugar olía a pan recién hecho y a café tostado. Jin estaba detrás del mostrador, limpiando unas tazas con su habitual sonrisa amable.

—Vaya... —dijo, al verlo entrar—. Si no es el pequeño huracán Kim.

—Muy gracioso —bufó Tae, aunque sonrió.

Seokjin se apoyó en el mostrador. —¿Vienes por pastel o por consejo?

—Por las dos cosas —admitió el menor, sentándose en una de las sillas junto a la ventana.

Jin le llevó una porción de pastel de frambuesa y se sentó frente a él.

—Mi papá me lo contó todo —empezó Tae, con la mirada perdida en su plato—. Lo de Namjoon... lo que pasó cuando yo me la vivía en una burbuja rosa. No sé si puedo perdonarlo, Jin.

Jin asintió despacio, como quien ya había vivido aquello y entendía lo que sentía su amigo. —No tienes que hacerlo ahora. Nadie puede sanar de golpe, Tae.

—Pero... ¿cómo puedo mirarlo sin sentir rabia?

Bueno, no era rabia era decepción hacia su padre.

—Entendiendo —respondió Jin, con voz suave—. No justificando. Solo... entendiendo que hay personas que se pierden en su propio miedo. Tu padre fue una de ellas.

Tae lo miró, confundido.

—Él no siempre fue así, según mi papá que me contó —añadió Jin—. Él conoció al señor Kim cuando recién se casó con tu madre o bueno también en su época de adolescente pendejo. Era completamente diferente.

[Flashback – Hill lane]

El sol del verano brillaba sobre el patio de una vieja casa. El joven Kim entonces con apenas veintitantos años tocaba la guitarra sentado en las escaleras, mientras la señorita Lee reía al verlo cantar con voz desafinada.

—¡Eres un desastre! —decía ella, divertida.

—Pero un desastre encantador —respondía él, guiñándole un ojo.

Eran tiempos simples. Él era un chico alegre, bromista, el alma de cada reunión. Sus amigos lo buscaban para salir, su sonrisa contagiaba. Hasta que la vida se volvió más seria: los hijos, las responsabilidades, el matrimonio , la presión de "ser un buen hombre".

Best of meHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora