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Estado: Esta vez todo es diferente, Veo en ti la luz...


El día amaneció con una brisa fresca y un cielo despejado, ideal para la aventura que los chicos habían decidido emprender. La finca, con su vasta extensión de campos y colinas, era el lugar perfecto para explorar montando a caballo. Jungkook tomó la delantera, sujetando con firmeza la cuerda del caballo de Taehyung, quien aún no tenía experiencia en la equitación.

—Confía en mí, sólo sigue el ritmo —le dijo Jungkook con una sonrisa ladeada.

Taehyung, aunque nervioso al principio, se aferró a la montura, tratando de no perder el equilibrio. Con cada paso, el trote se volvía más cómodo, y la incomodidad inicial se disipó entre risas y anécdotas del grupo. Hoseok y Jimin competían por ver quién podía galopar más rápido, mientras Seokjin y Namjoon los miraban desde la distancia, murmurando sobre las posibilidades de que alguno terminara en el suelo.

Y Yoongi pues el iba aferrado a Hoseok pues se había negado a subirse a uno solo por miedo a que lo tiraran al suelo.

—¡Si te caes, prometo que rescataré tu dignidad antes que el caballo! —bromeó Seokjin.

El aire puro y el sonido de los cascos golpeando la tierra creaban una atmósfera de libertad. Entre bromas y desafíos, la tarde transcurrió velozmente hasta que el sol comenzó a teñir el cielo de tonos cálidos. Aprovechando el momento, Jungkook guió a Taehyung hacia una zona más apartada, bajo la sombra de un majestuoso árbol de cerezo.

—Baja con cuidado —susurró Jungkook, tomándolo de la cintura para ayudarlo a desmontar.

Ante ellos, un pequeño picnic se desplegaba sobre el suelo cubierto de césped. Cojines mullidos formaban un acogedor círculo alrededor de una canasta de mimbre, cuya tapa apenas podía contener su contenido. Taehyung se quedó inmóvil, observando el escenario con los ojos brillantes. Su corazón latió con fuerza al notar cómo Jungkook sacaba, con esmero, cada elemento: bocadillos y dulces que él adoraba, bebidas frías y hasta un par de velas aromáticas que añadían un aire íntimo al ambiente.

—¿Todo esto... para mí? —murmuró Taehyung con la voz temblorosa.

Jungkook asintió sin mirarlo, centrado en terminar de acomodar todo. Cuando finalmente se sentó frente a él, se frotó las manos nervioso, una acción que no pasó desapercibida por Taehyung, quien dejó escapar una suave risa.

—Quería hacer algo especial —dijo Jungkook, tomando aire—. Ya no quiero esconderme detrás del anonimato. Quiero que me veas tal como soy. No importa si... si me rechazas, al menos sabré que lo intenté. Pero, por favor, no te sientas presionado. Todo será a tu ritmo... y si debo esperarte toda la vida, lo haré.

Las palabras golpearon a Taehyung con una fuerza inesperada. Sintió un nudo en la garganta, y antes de poder responder, sus ojos se cristalizaron. Jungkook, nervioso, intentó retroceder en su confesión, pero Taehyung negó con la cabeza, incapaz de hablar aún. En su lugar, tomó una de las fresas de la canasta y la acercó a los labios de Jungkook con una sonrisa tímida.

—Comamos primero —susurró Taehyung, y Jungkook soltó una carcajada aliviada.

La cena transcurrió entre risas y anécdotas de la infancia. Sin embargo, cuando el cielo se tornó completamente oscuro y las estrellas comenzaron a brillar, Jungkook se levantó y caminó hacia un pequeño estuche apoyado en el árbol. Taehyung lo siguió con la mirada, intrigado, hasta que Jungkook regresó con una guitarra en las manos.

—Hay algo más que quiero hacer —dijo, ajustando las cuerdas antes de empezar a tocar.

La melodía de A Sky Full of Stars de Coldplay llenó el aire con suavidad. La voz de Jungkook, cálida y sincera, acompañó cada acorde con delicadeza. Taehyung, sorprendido, intentó seguir la letra, pero se quedó en silencio, simplemente absorbiendo el momento. Nunca antes lo había visto tan vulnerable, tan expuesto.

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