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Estado: El estrés académico se esta llevando mi juventud








El domingo se esfumó sin dejar rastro. La señora Kim partió temprano con su maleta color vino y su biblia bajo el brazo, sin despedidas cálidas, solo un beso en la frente a su esposo y una última mirada larga —y cargada de juicio— hacia Taehyung y Namjoon.

Parecía que aquellos padres habían olvidado lo sucedido en la finca Jung.

—Recen antes de dormir —fue lo único que dijo antes de salir por la puerta.

El silencio que dejó fue extraño. No liberador, pero sí menos denso. Como si la casa respirara con más calma. Taehyung se quedó sentado en las escaleras hasta que el sonido del auto se desvaneció por la calle. Su padre pasó por detrás sin decir nada. Ni una queja. Ni una advertencia. Solo lo miró un segundo de más, como si quisiera encontrar algo entre sus ojos, y siguió su camino al despacho.

Namjoon suspiró mientras salía de la cocina con tres vasos de jugo.

—Un punto menos de tensión. Solo... diez más y la casa será habitable —bromeó con una sonrisa ligera.

Taehyung la agradeció en silencio, pero en su pecho aún sentía el eco de todo lo vivido. Como si algo lo jalara por dentro.

El señor Kim, desde su escritorio, hojeaba un viejo cuaderno de notas que casi no tocaba desde su juventud. Pero no podía concentrarse. Una y otra vez, las palabras del señor Jeon resonaban en su cabeza:

"No tienes idea del daño que le están haciendo. Y créeme, si no paras ahora... un día, cuando ya no lo tengas cerca, cuando ni siquiera quiera llamarte papá, vas a arrepentirte. Y ese vacío no lo llena ningún sermón o te recuerdo lo que le hicieron a Namjoon? Taehyung lo sabe?"

Apoyó los codos sobre el escritorio y se frotó el rostro con ambas manos. El orgullo, el deber, la religión, la crianza... ¿cómo se le escaparon las riendas?

Se quedó ahí, en silencio. Pensando. Por primera vez, no como líder de hogar, ni como esposo, ni como creyente. Solo como padre.

Lunes Universidad de Hill Lane

La semana arrancó sin avisar. Entre mochilas medio vacías, café instantáneo mal preparado y ojeras acumuladas, los chicos retomaban sus rutinas. Pero nada era como antes.

En el aula 3B, Jimin revisaba por quinta vez el resumen de bioestadística. Su rodilla temblaba sin que él se diera cuenta. Las palabras en su cuaderno se mezclaban. Todo era un revoltijo de fórmulas y dudas.

—¿Jimin? —susurró Yoongi, sentándose a su lado—. ¿Dormiste algo?

Jimin asintió sin mirarlo. Sus ojos seguían clavados en los apuntes. Pero sus dedos temblaban ligeramente. Y su respiración era rápida, silenciosa, forzada.

—Tienes que parar un poco... —le dijo Yoongi con suavidad, apoyando una mano en su espalda.

—No puedo. Si bajo un punto más, pierdo el cupo en el programa de intercambios —respondió Jimin, casi sin voz—. Y si pierdo eso, no voy a tener nada.

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