Extra Cumpleaños Th

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Estado: No importa que tan roto yo este, quiero verte feliz y ese será mi objetivo por el resto de mi vida


El cielo de Hill Lane amanecía cubierto por nubes suaves, como si hasta el clima quisiera cooperar para que todo saliera perfecto. Era una mañana tranquila, pero en secreto, el día estaba destinado a ser especial.

O eso decia Jungkook ese día...

Jungkook conducía por una carretera fuera de la ciudad, con la música sonando suave en el fondo y Hoseok a su lado, riendo mientras revisaba una lista de compras interminable.

—Necesitamos luces, cintas doradas, globos, manteles, velas... —repasaba Hoseok, subrayando con un marcador fluorescente—. Y no te atrevas a decir que es demasiado, Jungkook. Es el cumpleaños de Taehyung, tiene que ser inolvidable.

Jungkook sonrió, girando el volante hacia la tienda de decoración.—Tranquilo, hobi, lo sé. Solo espero que no gastemos todo el presupuesto antes de llegar al tercer local.

Hoseok rió, dándole una palmadita en el brazo. —A veces los mejores recuerdos cuestan un poco más.

Pasaron horas entre bolsas de colores, guirnaldas y luces enredadas. Jungkook insistía en que todo debía tener tonos cálidos, con detalles en beige y dorado, mientras Hoseok añadía ideas más extravagantes: un cartel con luces, un rincón de fotos, pétalos en el camino.

Cuando por fin guardaban las últimas bolsas en el maletero del auto, Hoseok suspiró con satisfacción.—Solo falta una cosa —dijo, tomando su abrigo—. Voy a la farmacia, regreso en un segundo.

Jungkook arqueó una ceja, extrañado.—¿Farmacia? ¿Para qué?

Hoseok solo sonrió, misterioso.

—Secretos de adulto. No te preocupes.

Jungkook lo vio alejarse, aún con esa sonrisa suya tan fácil de confundir entre alegría y nostalgia.

Mientras tanto, en el corazón del pueblo, la florería de Jimin era un espectáculo de aromas y colores. Las flores que había pedido hacía meses finalmente habían llegado: lirios blancos, tulipanes color durazno, y peonías enormes que parecían nubes.

—Son perfectas —dijo Jimin, con los ojos brillando de emoción. A su lado, Taehyung lo ayudaba a organizar los ramos, sin sospechar que todo ese esmero tenía su nombre escondido en los pétalos.

—¿Y todas estas son para pedidos? —preguntó Tae, mientras amarraba un listón.

—Sí, algo así —respondió Jimin, sonriendo travieso—. Digamos que son para alguien muy importante.

Taehyung rió sin entender, limpiándose las manos.
—Debe ser alguien con mucha suerte.

En la pastelería, Seokjin y Yoongi estaban cubiertos de harina hasta el cabello. El ambiente olía a vainilla tostada, frambuesa y chocolate derretido.

—¿Qué tal si le añadimos lavanda? —sugirió Jin, probando un trozo de masa.
—¿Lavanda? ¿A un pastel? —Yoongi frunció el ceño—. Eso suena a jabón, Jin. —Tú confía en mí —replicó Jin, guiñándole un ojo—. Quiero que este pastel sea tan especial como él.

Yoongi lo observó en silencio unos segundos, y luego sonrió. —Está bien. Pero si Tae se intoxica, tú lo reanimas.

Ambos rieron, dejando el horno encendido y el aroma de un nuevo sabor llenando el aire.

A unos kilómetros, la vieja cabaña del lago de Hill Lane revivía después de años en silencio.
El señor Jeon y el señor Kim trabajaban hombro a hombro, limpiando, barriendo, desempolvando muebles cubiertos por mantas.

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⏰ Última actualización: Feb 04 ⏰

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