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Lloré en silencio toda la noche en el sofá de la habitación, envuelta en un ovillo entre las sábanas sujetando mis piernas con fuerza, mientras él descansó tranquilamente y sin ninguna mortificación en la cama.
No quise acercarme a él, no quise compartir la cama con ese monstruo, para mi suerte me permitió alejarme.

Lo sentí despertar y se metió a la ducha, se vistió de traje y se peinó perfectamente.
Caminó hasta mí y traté de alejarme, me tomó de las mejillas con fuerza.

- Nos vemos más tarde princesa, pórtate bien- dijo con tono suave y dejó un beso sobre mis labios lastimados - Entra a bañarte que eres un desastre - mandó.

Asentí levantándome bajo su mirada, aun con las piernas temblorosas y me dirigí al baño, al llegar observé mi figura en el espejo... efectivamente, soy un desastre, tengo moretes en mis caderas, mi cara se ve maltratada, mis labios están rotos y secos, mis muñecas están teñidas de un rojo oscuro con matices violeta, en fin demacrada.

Me metí a la regadera y froté con dureza mi piel hasta enrojecerla, me gustaría poder arrancarla completamente, al terminar todo salí, observé que la habitación ya había sido limpiada en su totalidad, me dirigí al armario y me cambié con un vestido suelto de tela suave.

Me recosté en la misma cama dónde anoche fui torturada, no me queda más opción que hacerlo, no tengo más opción que quedarme aquí.

La empleada entró con la bandeja del desayuno y la dejó sobre mis piernas.

— Buenos días sra Dasha, coma todo por favor — dijo evitando verme.

Ella no está aquí para ayudarme, ni para servirme o defenderme, mucho menos para ser mi amiga, ella está aquí solo para vigilar que cumpla al pie de la letra las órdenes de Aaron.

En cuanto inició a comer ella desaparece.

Yo tenía metas, planes para el futuro...
Mi profesión, tener un buen empleo, ser una mujer independiente.
Ninguno de mis planes incluía jugar a la "casita feliz"
A nadie le importo lo suficiente, nadie vendrá, nadie me ayudará, para ellos solo soy el medio para conseguir un fin.

No quiero tener sus hijos, no quiero vivir solo para criar y servirle a un marido, mi vida no puede ser estar encerrada entre estos muros, él no me puede hacer esto.

La empleada pasó recogiendo la bandeja.

—La sra white está abajo, quiere verla ¿Que le digo? — me pregunta como si tuviera otro opción, como si yo tuviera el poder de declinar su visita.

— Dile que me espere en el jardín, ya bajo — dije con la intención de salir, por lo menos respirar oxígeno puro.

— bueno señora Dasha— dijo retirándose.

Dejé salir un suspiro pesado, sé para qué está aquí y no sé si quiero aguantarla ahora, pero tampoco puedo darme el lujo de provocar a Aaron y sé que su mamá es un punto en mi contra.

Bajé con cuidado las escaleras, maldiciendo en mis adentros a cada paso con el dolor infernal en cada parte de mi cuerpo, siento que un camión me ha pasado por encima.

Al salir al jardín estilo victoriano me pegó la brisa mañanera de frente, el aroma fresco de las plantas y los colores vibrantes de las flores que caen en cascada de los rincones.
Fijé mi mirada en la sra white, quién ya me estaba viendo, le sonreí forzadamente y me senté en la silla frente a ella.
Deslicé mi mirada al horizonte, viendo un poco más allá de los muros, por la altura de la terraza, no hay vecinos tan cerca, se ven solo extensiones de tierra con césped y árboles verdes, el día está hermoso sin duda, pocas veces lo admiro tanto.

DashaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora