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Aaron me soltó con brusquedad y me deslicé cayendo al piso, lo observé por el rabillo del ojo, acomodando su camisa, abrochando los puños de la misma, subiendo su cremallera y cerrando su cinturón.
Dejé salir un suspiro apesadumbrado intentando contener el llanto que amenazaba con aparecer.
Me hace sentir tan humillada, como si no tuviese derecho a un mínimo de dignidad, como si él pudiera arrebatar todo de mí.

Se acercó inclinándose hasta estar cerca de mí rostro, me tomó fuerte las mejillas y con su otra mano limpio las lágrimas que no sabía que caían.

— Intenta acostumbrarte, tu situación no será mejor pero si la puedes empeorar más de lo necesario — dijo amenazante.

Solo asentí con los ojos inundados en lágrimas, al punto de no poder distinguir su figura.

— Bien. Ve a ducharte rápido y baja a almorzar conmigo, si demoras habrá consecuencias. — dijo con severidad.

Asentí y me dió un tirón en el brazo levantandome, salí lo mas rápido que el dolor en mis partes me permitía.

Entré a la habitación y fui directamente al baño, me desvesti observando a través del espejo las nuevas marcas sumadas a mi ya lastimado cuerpo.
Mi pelvis duele, la piel de mi vientre está enrojecida comenzando a amoratarse por la fuerza de fricción que ejercicio contra la mesa, mis gluteos tienen la marca de sus dedos, mis ojos están rojos por las lágrimas contenidas.

Apresuré mis movimientos tratando de cumplir con su orden, me bañé y me vestí, baje de prisa.
Al llegar al comedor lo observé con su expresión inmutable, la expresión de una persona que no realizó las asquerosas acciones que él hizo, su actitud es tan bestial que no guarda ningún remordimiento en su conciencia.

Me senté a su lado como me indicó con la mano, inmediatamente la empleada trajo la comida.
Me quedé observando el plato, pollo al horno con patatas y verduras salteadas, con el tenedor muevo los alimentos en mi plato honestamente con todo lo sucedido lo que menos tengo es hambre y lo que más  deseo es que nana encuentre la forma de enviar las pasti...

Un sonido fuerte me sacó de mis pensamientos, detuve el tenedor y me quedé estática.
La mano de Aaron había golpeado con fuerza la mesa y me miraba con severidad.

— Come — ordenó.

Lo observé aún congelada en mi sitio, con el corazón latiendo en mis oídos.
Él arqueó la ceja, asumiendo que lo estoy retando.
Bajé mi vista al plato y comencé a comer en bocados mínimos.
Levanté la vista nuevamente cuando me percaté de que él no había retomado su comida.

— Vas a comer bien o lo hacemos a mi modo? — amenazó

Sin poder controlarlo las lágrimas se deslizaron por mis mejillas.

— Aaron... Por favor, no tengo hambre —  le supliqué.

Él estrelló sus cubiertos contra la mesa e hizo ademán de levantarse.

Puse mis manos como escudo, tratando de protegerme.

— Aaron porfavor, no! — grité asustada.

— ¿Que pasa princesa, ya me tienes miedo? — se burló.

El sonido de su zapato contra el piso me congela la sangre, se posicionó detrás de mí e inclinó su cuerpo sobre el mío.

Suspiró pesadamente apretando mis hombros, a este punto mi cara está empapada en lágrimas.
No aguanto más, no quiero que me lastime más

—Me siento condescendiente, dame un beso y perdono esto.

Halo mi cabello atrás levantando mi cara y logró que lo observara, me besó y no tuve mas remedio que corresponder.

— me voy princesa, tarda lo que quieras pero acabate el plato.— ordenó.

Llamó a la empleada y esta vino de inmediato.

— no tiene permitido levantarse de la mesa hasta terminar.— agarró su blazer y se fue.

Suspiré como si hubiera estado cargando peso muy grande.


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