Capítulo 25

12 2 0
                                        

Kevin.

Han pasado ya tres días desde aquella conversación con Lía.
Desde entonces, paso con ella los ratos libres en la biblioteca, no hablamos mucho, pero su presencia me da calma,
Se ha convertido en una especie de ancla, o quizás, una esperanza.

Es curioso cómo alguien que acaba de llegar puede empezar a significar tanto,
No sé qué tienen sus silencios, pero no me pesan, no espera respuestas, no me presiona.

Con Mark y Paola las cosas no han cambiado mucho.
Sigo distante, como si tuviese miedo de acercarme a ellos, y eso me duele.

Son mis mejores amigos desde que éramos críos, jugábamos juntos en el parque, hacíamos fiestas de pijamas, nos lo contábamos todo, son mis hermanos, aunque no compartamos sangre.
Pero ahora… no sé cómo hablarles.

Cada vez que los veo en el pasillo o en clase, me invade la culpa, los quiero, los necesito, pero hay algo dentro de mí que no me deja acercarme, y lo peor es que sé perfectamente que esa barrera la he puesto yo.

___________________________________________

Me siento en uno de los bancos del patio, el sol ya se está escondiendo y el aire empieza a enfriar, estoy solo o eso creíahasta que me hablan.

—¿Vas a seguir evitándonos mucho más tiempo? —escucho a mi espalda.

No es necesario voltear para saber qué es Paola, Mark viene detrás, con las manos en los bolsillos y cara seria.

No digo nada y bajo la mirada.

—Sabemos que estás mal, Kev. No somos tontos —continúa Paola, sentándose a mi lado— Pero también somos tus amigos, o al menos eso creíamos.

—Lo seguen siendo —respondo, casi en un susurro.

—Entonces habla con nosotros, tío —dice Mark, sentándose enfrente—. Dinos qué pasa, no nos dejes fuera.

Me quedo callado unos segundos, tengo un nudo en la garganta.

—No sé cómo hablar con vosotros —admito al fin— Siento que si lo hago... me voy a romper.

—Kev… —Paola me coge la mano— Ya estás roto, pero no tienes por qué estarlo solo.

Trago saliva, quiero decir tantas cosas, pero las palabras no salen, solo un susurro fue lo que pude gesticular.

—No sé cómo seguir sin ella.

Mark asiente y sus ojos también brillan.

—No tienes que saberlo, ninguno sabría pero tienes que dejarnos estar, Paola y yo... llevamos esperando a que vuelvas, a que nos busques, pero ya entendimos que no lo harías, y por eso hicimos esto, por eso es que aquí estamos.

—Nos duele verte así —añade Paola— Te fuiste alejando poco a poco y te dejamos hacerlo, pero ya no más Kev, vamos a seguirte, aunque te encierres en una cueva, aunque no digas una sola palabra.

Las lágrimas se me escapan y no quería, pero ya no puedo más.

—No quería que me vierais así, tan roto, tan jodido, tan... vacío.

—Pero eres nuestro hermano —dice Mark— si estás roto, nosotros también, no venimos a arreglarte, venimos a rompernos contigo, si hace falta, porque para eso estamos.

—Y porque te queremos, idiota —añade Paola con una sonrisa entre lágrimas— como a la familia que uno elige.

Intento aguantar pero me derrumbo.

Lloro, lloro como no lo hacía desde el entierro y esta vez, no estoy solo.

Mark me abraza por un lado y Paola por el otro, por un instante, ese frío que llevo en el pecho… se afloja un poco.

𝐃𝐞𝐬𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞𝐫.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora