capítulo 27

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Camilla.

Camino con paso lento, aunque lo que más pesa no son mis pies, sino el torbellino que llevo dentro, no he dejado de llorar desde que bajé del coche de Kev, esa conversación fue dura, pero también necesaria, nos dijimos verdades, algunas que dolieron más que cualquier golpe, pero al final quedamos como amigos, no sé si llegará a confiar en mí otra vez, pero al menos sé que ya no me odia, o no tanto, y eso para mí es un pequeño alivio en medio de este caos

Estoy a punto de cruzar la calle cuando escucho el sonido de un coche frenando junto a la acera, es el de Kev, bajo la mirada, y allí está él, con el brazo apoyado en la ventanilla y esa expresión seria, pero menos distante que antes

—¿Vas al insti, no? —pregunta

—Sí… voy a inscribirme otra vez —respondo, secándome las lágrimas rápidamente con la manga de mi chaqueta— ¿Por qué?

—Te llevo —dice simplemente

No puedo evitar que se me dibuje una sonrisa en el rostro, una que hace semanas creí que no volvería a tener delante de él

—No hace falta… puedo ir andando, no quiero molestarte

—Camil, sube —dice con suavidad, usando ese apodo que hace tanto no escuchaba

Y solo con eso, con ese diminutivo tan íntimo, algo dentro de mí se rompe, porque en ese gesto sencillo comprendo que, por más rabia o decepción que haya sentido, una parte de él aún me recuerda con cariño, quizás nunca me odió del todo

—Está bien —susurro, mientras abro la puerta del coche y subo

Me acomodo en el asiento sin atreverme a mirarlo del todo, no hace falta que digamos nada más por ahora, el silencio también puede ser un lugar donde se empieza a sanar lo roto

El motor arranca con suavidad, y durante unos segundos solo se escucha la radio baja, con una canción instrumental que no reconozco, pero que por alguna razón me da paz, Kev mantiene la vista en la carretera, pero su gesto no es distante, más bien parece concentrado o incómodo, como si no supiera cómo empezar

—¿Ya sabes qué asignaturas vas a tomar? —pregunta de repente, con un tono casual

—Sí, más o menos, quiero retomar literatura, aunque no sé si la profe que teníamos sigue allí —me giro un poco hacia él, esperando que recuerde

—¿La profe Lilith? —dice con una leve risa— Sigue, más vieja, más gruñona… pero ahí está, sobreviviendo con café y sarcasmo

No puedo evitar reír también, me doy cuenta de cuánto extrañaba ese tipo de conversaciones tontas y simples con él, sentirme parte de algo

—Aún me acuerdo de cuando nos pilló escribiendo en el pupitre y te hizo limpiar todas las mesas del aula

—Con vinagre —asiente, sonriendo con una mueca— y tú solo te reías mientras yo me intoxicaba

—Perdón por eso… —digo, mirándolo de reojo

Él gira la cabeza un segundo para verme, sin dejar de conducir

—No tienes que disculparte por eso, de todo lo que pasó, esos fueron los buenos momentos

Asiento en silencio, y por primera vez en mucho tiempo, siento que estoy hablando con el Kev de antes, con ese chico que me escuchaba sin juzgarme, que me hacía reír hasta cuando lloraba

—¿Cómo va lo del fútbol?, escuché algo de que te está yendo bien…

—Sí, tenemos un partido clave esta semana, si ganamos, clasificamos a los nacionales

𝐃𝐞𝐬𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞𝐫.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora