Kevin.
Ha pasado una semana desde la última vez que hablé con los chicos, Paola está muy pendiente de Camilla y siempre están juntas, y eso, de cierto modo, me alivia.
Mark y yo somos todo lo contrario, quizás sea la forma en la que sucedieron las cosas y que aún no terminamos de asimilarlas, quizás sea el rencor que le tenemos por todo el daño que nos hizo, o quizás sea que no terminamos de confiar del todo en ella.
Con Bethany las cosas están raras, he ido a su casa un par de veces, pero nadie sale, y eso me preocupa, temo que le haya pasado algo, los mensajes que le envío no le llegan, y eso me desespera. Es frustrante, tan jodidamente frustrante, que de un día para otro, con una persona con la que lo querías todo, ahora simplemente no haya nada.
Hoy estoy decidido a ir a su casa después del partido si no la veo, hoy jugamos las finales nacionales, y necesito estar enfocado, pero mi mente solo se centra en su cabello rubio y en sus ojos color miel.
Trato de desviar mis pensamientos de ella para enfocarme en lo importante, el partido, el jodido partido más importante que hemos tenido como institución en la final, si ganamos, seríamos el primer grupo de nuestro instituto en lograrlo, haríamos historia.
Y cuando por fin logro sacar a la rubia de mi cabeza, comienzo con mis palabras como capitán del equipo.
El vestuario huele a césped húmedo y a nervios.
Nadie habla demasiado, algunos miran al suelo, otros se ajustan las vendas una y otra vez como si eso pudieran calmar el temblor de las manos, el ruido del estadio se cuela a través de las paredes como un rugido lejano, constante, recordándonos que ahí fuera hay gente esperando, creyendo en nosotros.
Respiro hondo y me pongo de pie.
Todas las miradas caen sobre mí.
—Escuchadme —digo, con la voz firme, aunque por dentro todo me arda— No sé si alguna vez volveremos a estar aquí, en una final nacional, con todo un instituto detrás, con la oportunidad de hacer historia.
Hago una pausa, y los observo uno a uno.
—Sé que estáis nerviosos, yo también lo estoy, sé que duele la presión, que pesa, que asusta, pero también sé una cosa… —aprieto los puños— Nadie llegó hasta aquí por casualidad.
Sebastián levanta la mirada, nuestros ojos se cruzan.
—Entrenamos cuando nadie nos veía, perdimos partidos que nos rompieron el alma, volvimos a levantarnos cuándo lo fácil era rendirse, y hoy… hoy no salimos a jugar solo por nosotros.
Señalo el escudo.
—Salimos por todos los que creen que no podemos, por los que dijeron que no éramos suficientes, por los que se quedaron en el camino, salimos a dejarlo todo, aunque no quede nada.
El silencio es absoluto.
—Hoy no quiero héroes —continúo— quiero compañeros, quiero once tíos dispuestos a correr por el de al lado, si caes, te levanto, si fallo, me cubres, y si ganamos… —mi voz se quiebra un segundo— ganamos juntos.
Respiro hondo.
—Pase lo que pase ahí fuera, salid con la cabeza alta, juguemos como sabemos, juguemos con el corazón.
Golpeo el centro del vestuario con el puño—Vamos a hacer historia.
El grito del equipo retumba en las paredes.
Salimos al campo.
El estadio está lleno, banderas, cánticos, ruido, vida, y siento un nudo en el estómago, busco instintivamente entre las gradas, pero no la veo.
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𝐃𝐞𝐬𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞𝐫.
Fiksyen RemajaKevin Huxley es un chico decidido, lindo e increíblemente simpático, todos lo catalogan como el chico dulce de la clase. Bethany Elsher una chica fiestera, preciosa, inteligente, complicada, con pocas amigas, su carácter es fuerte y eso la hace mete...
