Capítulo 26

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Kevin.

Despierto y, por primera vez en semanas, el peso que me aplastaba el pecho no está.
Haber hablado con Mark, Paola, Beth y Lía ha sido como soltar una mochila que llevaba pegada a la espalda desde que todo se vino abajo.

Me ducho, me visto, desayuno cereales con leche y cojo las llaves del coche.
Todo parece… normal.

Hasta que abro la puerta del conductor y, de golpe, alguien se mete en el asiento del copiloto.

Me giro con el corazón desbocado, pensando en un intento de robo.

Pero ojalá fuera eso.

—Camilla. —Mi voz suena grave, cargada de un veneno que no he podido purgar en todo este tiempo— Pensé que había dejado claro que no quería volver a verte.

Ella me mira con una mezcla de nerviosismo y terquedad.

—Y yo te dije que tenemos que hablar.

—No, tú tienes que hablar, y yo no quiero escuchar nada, es diferente, tú te fuiste, nos dejaste, me dejaste a mí — La rabia y los recuerdos me invaden a partes iguales.— ¿Y ahora qué?, ¿vienes a dar explicaciones cuando ya no sirven para nada?.

Ella intenta interrumpirme, pero no le doy oportunidadde hacerlo.

—Me dejaste solo con todo el amor que te tenía entre las manos, me hiciste sentir como una mierda, como si yo no valiera nada, como si todo lo que vivimos —mis primeras veces, mis planes, mis promesas— fueran un maldito juego para ti, siento que eso fui, un puto juguete al que podías manejar a tú antojó, un puto títere desechable, al que tiraste por qué ya no te servía, tú te fuiste y siquiera te despediste, no de mí, si no no de tu hermano, tú puto hermano, sangre de tú sangre, tampoco de Paola, que era tu mejor amiga, Solo… desapareciste, ¿en serio valiamos tan poco para tí Camilla?.

Camilla aprieta los labios, como si las palabras le dolieran físicamente.

—¿Y ahora vuelves?, ¿Por qué?, ¿Te falta dinero?, ¿Tu madre y su novio te han dejado tirada?, ¿Vienes ahora que Mark ¡¡TÚ!! hermano, por si se te olvidó tiene futuro asegurado ahora que vuestro padre se hizo millonario?, ¿Vienes a volvernos a joder la vida como si nada?.

Respiro agitado, el volante entre mis manos tiembla, mis nudillos están blancos por la fuera y la rabia que estoy conteniendo.

—Dime, Camilla, dime de una puta vez, ¿por qué coño estás aquí?, porque no entiendo qué mierda quieres de nosotros ahora.

Ella baja la mirada, tarda unos segundos en responder.

—No vine por dinero, ni porque me haya ido mal —dice en voz baja—. Vine porque no puedo seguir viviendo con esto clavado en el pecho, porque cada día me arrepiento de cómo lo hice, Y porque tú…–Se le escapan las lágrimas y no puedo evitar sentir remordimiento por como la estoy tratando, esta rotación, y viéndole ahora tan vulnerable, hace que se me remueva el estómago– tú eras mi hogar, Paola y Mark eran mi hogar, mi lugar seguro, y yo me fui sin cerrar la puerta.

—La cerraste, la cerraste de un portazo, solo que ahora quieres entrar de nuevo, como si nada hubiera pasado.

Ella traga saliva, y sus ojos brillan, por las lágrimas qué está tratando de evitar soltar de nuevo.

—No espero que me perdones, ni siquiera sé si merezco verte, pero si no te digo lo que llevo dentro, siento que me voy a morir.

Por primera vez desde que se subió al coche, me quedo en silencio.
No porque quiera escucharla, sino porque no sé si me quedan fuerzas para seguir odiándola con la misma intensidad.

𝐃𝐞𝐬𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞𝐫.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora