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Hyunjin y Minho conocen la crueldad

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Hyunjin y Minho conocen la crueldad. La han probado, servido y resistido. No son inocentes, tampoco ingenuos.

Pero eso no hace el abismo menos profundo, eso no hace el descenso más fácil.

El abismo no solo exige valentía, exige piel, sangre y convicciones. La caída siempre duele, sobre todo cuando se elige. Y no todos están dispuestos a sangrar, no todos sobreviven al precio de tocar fondo.

Pero ellos ya no temen caer. Temen regresar con las manos vacías.

***

Luego de que la alfa del Clan Lee sale de la habitación, Minho continúa aferrado al borde del escritorio, tratando de mantener algo de compostura.

Se sorprende cuando su madre entra en su oficina sin aviso, sin llamadas, decidida a disciplinarlo como si fuera un cachorro. Sus palabras son crueles, cortantes, viles. Nada a lo que no esté acostumbrado. Pero su amenaza consigue que el suelo bajo sus pies tiemble, que las paredes se cierren a su alrededor y que sus propias palabras se le atoren en la garganta, incapaces de salir.

Marissa Lee nunca lo ha tratado como a un hijo. Siempre ha sido una herramienta, un arma, un peón más en su juego de poder. No es muy distinta de Jaewon, después de todo. Por eso son amigos.

Y aun así, a pesar de los castigos, las miradas frías y las palabras duras, Minho solía pensar que al menos su legado le importaba. Que lo mantenía al frente por orgullo, más que por amor. Que esa era la única razón por la que no se deshacía de él. No después de que se ganara su lugar frente al Clan. No después de ensuciarse las manos por ella.

Pero Marissa siempre encuentra errores que corregir, fallos que eliminar. Una mirada perdida, una expresión flaqueante, cualquier señal de debilidad, y Minho debe enfrentarse a nuevas reprimendas. Bajo la excusa de convertirlo en el líder que el Clan merece, ella intenta despojarlo de todo rastro de humanidad. Convertirlo en una máquina de éxito. En un beta que ningún alfa pueda doblegar.

En una versión de ella.

Pero esta vez es diferente.

Marissa entra con la mirada de quien conoce tus miedos más profundos, tus secretos más oscuros. Su expresión impasible y su voz tranquila le provocan escalofríos.

Hace años que la presencia de su madre dejó de ser un peligro. Hace años que dejó de temerle.

Aprendió, tras años de golpes y castigos, a no ceder ante una mirada, un gruñido, un aroma. Nadie en esa empresa tiene más poder que él. Nadie en la ciudad se atreve a usar su casta contra él.

Y sin embargo, ahí está. Temblando tras el escritorio. Aterrorizado como un niño, mientras su madre escurre su veneno.

—Sé a lo que has estado jugando, Minho. —Dice Marissa con voz baja y helada. Ella nunca necesita alzar la voz para ser escuchada—. Cuando te ordené que vigilaras a Hwang, no esperé que te convirtieras en su puta.

Atlas -  HyunhoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora