Hyunjin sabe que debería estar en la prueba de trajes, atendiendo ensayos y compromisos previos a la boda. Lo tiene presente, demasiado presente. Pero está mucho más cómodo así: con los brazos alrededor de Minho, respirando su aroma mientras la luz del amanecer se filtra tímida por las cortinas.
Desde que Marissa les reveló que conoce su secreto, ninguno de los dos ha sentido la necesidad de fingir, no entre ellos.
Esa noche, Minho regresó a su departamento. Hyunjin llegó un par de horas después, sin avisar. No hizo falta. Sus cuerpos se buscan como imanes que han pasado años separados. Cuando los instintos toman el control, no hay ley, castigo ni amenaza que pueda interponerse.
—Tus ojos son preciosos. —Susurra Hyunjin contra su hombro, con la voz arrastrada por el sueño.
El dorado de la mirada de Minho, libre al fin de supresores, parece más vivo que nunca. Hyunjin cree que nunca ha visto algo más hermoso. Si hace un año le hubieran dicho que despertar junto a Minho sería lo mejor que le pasaría, habría reído incrédulo. Y sin embargo, ahí está, enredado en él, reteniéndolo cada vez que intenta levantarse para preparar el desayuno.
—Quédate un rato más. —Murmura.
Minho sonríe con suavidad, como si temiera romper ese instante.
—Nos van a matar. —Lo dice en tono de broma, pero ambos saben que no miente.
—Probablemente —Responde Hyunjin, besándole el cuello—. Pero no ahora.
El beta suspira y vuelve a dejarse caer sobre la almohada. Hyunjin aprovecha para abrazarlo con más fuerza.
—¿Qué vamos a hacer, Hyunjin?
La pregunta queda suspendida entre ellos. No han hablado de Marissa ni del futuro. Minho, que siempre ha calculado cada movimiento, descubre que ahora no tiene un plan.
—No lo sé. —Responde el alfa al fin, su voz ronca—. Solo sé que no voy a permitir que te toquen.
Minho se gira para mirarlo. En sus ojos hay tristeza, pero también algo más profundo que no se atreve a nombrar.
—Estamos atrapados. No hay final feliz para nosotros.
—Podremos encontrar una forma... —Empieza Hyunjin.
El beta niega, separándose un poco.
—No voy a renunciar a lo que construí, lo sabes.
—Y yo no pienso renunciar a ti.
Están jugando con fuego. Estar juntos después de la amenaza de Marissa es, en sí mismo, una provocación.
—Encontraremos la manera —repite Hyunjin.
Minho quiere creerlo, pero sabe que la voluntad no basta en su mundo. Sus padres harían lo que fuera por proteger su ego, incluso destruirlos. Acaricia la mejilla del alfa y, por primera vez, lo dice en voz alta: —Me voy a casar.
Hyunjin lo observa, inmóvil, como si la idea lo golpeara de lleno.
—No es cierto.
—Es verdad.
El aire se espesa. Afuera, el cielo parece oscurecerse. Hyunjin toma las manos de Minho, aferrándose como si así pudiera evitar que lo arrastren.
—Mi madre quiere que tenga un heredero. —Ríe sin humor—. Siempre ha controlado mi vida; era cuestión de tiempo que controlara esto también.
Minho espera una explosión de rabia, pero en su lugar recibe una sonrisa ladeada. Hyunjin se queda en silencio unos segundos más, la mirada fija en Minho como si estuviera memorizando cada pestaña, cada sombra sobre su rostro. Siente el pulso de ambos resonando en el mismo compás, y eso lo aterra tanto como lo calma.
ESTÁS LEYENDO
Atlas - Hyunho
Fiksyen PeminatLa sociedad tiene muy clara la forma en la que las jerarquías de raza se emparejan. Así ha sido siempre y así debería seguir. Esta es la historia de Hyunjin, el hijo mayor del Alcalde de Atlas, quien se ve envuelto en una serie de sucesos que involu...
