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Ha sido la semana más agotadora desde que tiene memoria, y eso es mucho decir considerando la familia en la que creció.

Minho parpadea, intentando acostumbrarse a la luz, hasta que reconoce la habitación en la que está: su antigua habitación. Ha vuelto a la mansión Lee, aunque apenas puede recordar por qué. Ha estado tan medicado que es un milagro que su estómago no esté perforado ya.

Se levanta tambaleándose de la cama, estirando sus músculos rígidos, sintiendo que ha pasado demasiado tiempo ahí. Quizá fue así, pero está demasiado agotado para recordarlo con claridad. Con pasos pesados, camina hacia el baño, esperando que un poco de agua en la cara lo ayude a recapitular los eventos de la última semana y llenar los vacíos en su memoria.

Si tan solo fuera tan fácil.

La puerta de su habitación se abre de repente, y el aroma familiar de un omega preocupado le arranca un suspiro.

—Sigo vivo, Felix. —Dice desde el baño, su voz rasposa por la falta de uso.

Felix sonríe, dejando que su expresión cambie a alivio cuando lo ve salir del baño en una pieza.

Felix sonríe, y el alivio se dibuja en su rostro al verlo salir del baño. Minho observa a su hermano y nota algo diferente: su aspecto está desaliñado, al menos para los estándares de Felix, quien siempre luce impecable, como todo en esa casa. Pero las sombras oscuras bajo sus ojos y sus mejillas ligeramente hundidas delatan el cansancio acumulado.

—Deberías descansar, no necesito una niñera; estoy bien. —No intenta sonar mal agradecido, está preocupado por su hermano.

Felix niega con la cabeza, una sonrisa cansada en su rostro. Minho está genuinamente sorprendido por la dedicación de su hermano en los últimos días. Felix nunca ha tenido que esforzarse por nada; las pocas tareas que realiza, como hornear, son más por placer que por necesidad. Sin embargo, ahí estaba, cumpliendo doble turno como enfermero.

Felix no solo estaba monitoreando a Minho.

Cada mañana, Felix dejaba la mansión Lee para cuidar a Hyunjin en la mansión Hwang. Pasaba el día ahí, atendiendo al alfa hasta que el cansancio lo obligaba a regresar. Entonces revisaba a Minho, dormía unas pocas horas, y al amanecer repetía la rutina. Ni siquiera su madre pudo detenerlo; aunque inicialmente intentó disuadirlo, terminó cediendo ante la insistencia del omega.

—¿Estás bien? —Le pregunta a Félix acercándose.

La usual mirada tranquila de su hermano refleja algo diferente esta vez. Felix intenta sonreír, pero su expresión temblorosa y los ojos brillantes traicionan sus emociones.

Sin decir una palabra, Minho abre los brazos. Felix acepta la invitación sin dudarlo, corriendo hacia él y rompiendo en llanto. La habitación se llena de un aroma agrio, como duraznos maduros demasiado tiempo al sol. Es abrumador incluso con sus sentidos menos agudos que antes, pero Minho no se aparta. Sabe que su hermano lo necesita.

Lo guía hasta la cama, donde ambos se sientan. Deja que Felix recueste su cabeza sobre su regazo y llore todo lo que necesita. En silencio, se dedica a acariciar el cabello del omega, quien en alguna otra ocasión probablemente habría ronroneado.

El frío de la mañana parece intensificarse con la tristeza de Felix, congelando a Minho hasta los huesos. Algo en el fondo de su mente le dice que no debería estar ahí, pero decide ignorarlo. Por primera vez desde que dejó el hospital, su beta está tranquilo, y su pecho ya no duele como antes.

—Todo estará bien. —Murmura para Felix y para si mismo, esperando consolar la tristeza de su hermano.

Cuando los sollozos de Felix cesan y se levanta del regazo de su hermano, Minho espera en silencio, dándole espacio para recuperarse.

Atlas -  HyunhoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora