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Un agitado Felix sale corriendo de la alacena tan pronto su nana abre la puerta. La omega lo mira extrañada, pero no lo cuestiona. Está acostumbrada a los cambios de humor del joven Lee.

Felix atraviesa la mansión a toda velocidad, corriendo como una presa perseguida. Tal como solía imaginarse cuando era niño, huyendo de los gritos de su madre por los oscuros pasillos. El eco de sus pasos resuena demasiado fuerte, como si la casa recordara con él.

Al llegar a su habitación, cierra la puerta y se deja caer al suelo, respirando agitadamente. Necesita procesar lo que acaba de escuchar.

El silencio lo envuelve, pesado y espeso, como si el tiempo se alargara, hasta que finalmente decide que ya es hora de dejar de hundirse en ese mar de pensamientos repetitivos.

Se levanta, toma sus llaves y su teléfono. Necesita salir de esa mansión y estar lo más lejos posible cuando diga lo que tan desesperadamente le quema en la garganta.

Baja las escaleras con calma entrenada y sonríe a su nana, que lo observa algo consternada, pero finalmente lo deja ser al ver que su actitud ha vuelto a ser la de siempre. Ella suspira y retoma sus tareas, ignorando por completo el caos que se libra en la mente de Felix.

Felix sube al asiento del conductor y experimenta un déjà vu de esa mañana, cuando leyó la noticia que hizo temblar los cimientos de su mundo.

Espera salir de la mansión y tomar la primera curva de la trampa mortal del distrito para llamar a la única persona que podría ayudarle con lo que necesita.

—¿Hola? ¿Felix? —Responde la voz al otro lado, después de tres tonos de espera.

—Kim Seungmin. —La voz de Felix es firme, dejando de lado la fachada cuidadosamente construida para el mundo exterior.

—¿Es costumbre de los Lee nunca saludar apropiadamente?

En otro momento, Felix habría reído ante el comentario y tal vez habría respondido con un tono irritado. Pero no ahora. No hoy.

—Por ahora, no. —Responde sin rodeos mientras toma otra curva—. ¿Estás ocupado?

—Bastante. —Seungmin, como siempre, es directo, de pocas palabras. Felix tiene que recordarse a sí mismo que no debe tomarse tan personal el tono seco del beta.

—Ya no lo estás. —Tal vez sea algo en su sangre, como suele decir el beta, pero Felix no puede evitar dar órdenes—. Necesito que nos veamos en un lugar discreto. No suelo frecuentar Atlas a menos que sea para algún evento o fiesta, así que depende de ti la sugerencia.

—¿Puedo preguntar para qué?

—No. —Baja ligeramente la velocidad mientras toma una curva cerrada que define el límite del distrito—. Pero es urgente. Estoy dejando el distrito ahora, dime dónde.

Tal vez fue la seriedad en la voz de Felix, o tal vez sea porque la situación en el país es bastante particular, pero Seungmin acepta.

—Te enviaré la ubicación. Nos vemos en una hora.

—Nos vemos.

Felix cierra la llamada y se hunde en el silencio por primera vez en mucho tiempo. Generalmente, la música llena el auto, pero hoy necesita ese espacio vacío para ordenar sus pensamientos.

Lo que escuchó en la alacena no solo puede cambiar su futuro y el de su familia, sino el de Atlas.

Necesita a Seungmin porque sabe que es el único aliado en quien puede confiar, aparte de su hermano. Y no puede hablarle a Minho sobre lo que acaba de escuchar. Su hermano ya tiene suficiente peso sobre sus hombros, y saber que su alfa no solo no es hijo de quien se supone que es, sino que además está en peligro, es una carga que no necesita añadir. Al menos no aún. No sin pruebas.

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⏰ Última actualización: Feb 11 ⏰

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Atlas -  HyunhoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora