(Ahora sí, banda, tomen su capítulo 👀)
El Salvador vio con una creciente preocupación cómo su planeta se veía tan cansado, desgastado, como si le hubiera costado el alma salir de sus sueños y abrir los ojos. Tenía ojeras y un aspecto enfermo… si es posible que los planetas se enfermen. Pero lo que más le inquietaba era el suspenso de lo que pasaría a continuación. Esperaba que la intensidad de su enojo ya se hubiera calmado para este punto y que aceptara en buenos términos su oferta de hablar.
Entonces su planeta lo miró fijamente con mucha curiosidad, como quien no está seguro de lo que está viendo.
—¿Eres real o sigo alucinando? —preguntó apenas con un suspiro.
—¡Soy real! Estoy aquí, habla conmigo por favor —le suplicó de nuevo. Incluso le cantaría otra canción de ser necesario.
—¿Qué estás haciendo aquí, pequeñuelo?
El Salvador hizo un sonido de sorpresa y un escalofrío se sintió en su cuerpo fantasmal, no era de miedo ni disgusto, sino de impresión. Nadie en el mundo lo llamaba con ese apodo, excepto su padre. El país se recompuso con rapidez, esforzándose por deshacer el nudo que le subía por la garganta. No le convenía ponerse sentimental sobre su padre ahora.
—Me preocupo por ti… igual que toda la humanidad —dijo con suavidad, tanteando el terreno con una voz apenas más firme que un susurro. El rostro planetario pareció reaccionar a esas palabras; un atisbo de consciencia resplandeció tras sus ojos, y su expresión de desgaste se profundizó, revelando un dolor tan inmenso que El Salvador se sintió aún más frágil frente a él.
—Quise… quise dormir para evitarlos, pero ustedes no me dejaron —respondió el planeta con voz apagada, El Salvador no supo si era un lamento o un reproche.
—Ellos están desesperados por tu perdón.
La Tierra hizo una mueca al escuchar eso. Sus nubes se agitaron tenuemente, como si un suspiro antiguo recorriera su superficie. Se veía afligido, y en su mirada pesada habitaba más tristeza que furia.
—Puedo sentir su angustia… los susurros de sus súplicas pidiendo perdón me abruman como el zumbido de una colmena de abejas. Las flores me transmiten sus mensajes, no paro de oír un océano de lamentos directo en mi mente.
El Salvador se estremeció. Esa imagen: las flores cargando súplicas, como micrófonos directo a la consciencia de su planeta, lo dejó sin palabras por un momento. La Tierra hablaba como un ser fatigado de tantos problemas.
—Lo siento, creo que no pensamos en que esto podría ser demasiado para ti —dijo el latino, con la voz teñida de genuina preocupación. Una vez más, la duda le calaba: la Bola Humanidad quería hacer las paces con su planeta, pero tal vez sus acciones, por más sinceras que fueran, no hacían más que abrumarlo.
La Tierra lo siguió mirando en silencio, con una intensidad que parecía nacer desde el núcleo mismo.
—Cerraron sus fábricas y detuvieron el transporte, apagaron sus ciudades y dejaron sus minerías —afirmó Tierra con calma dolida. Conocía cada rincón de su superficie; no solo los había escuchado, también los había observado.
—Tratan de detener la contaminación. Te quejaste de todas esas cosas, así que es lógico eliminarlas —le explicó El Salvador, esperando una señal de alivio o aceptación.
Pero la mirada de la Tierra no reflejaba agradecimiento ni sorpresa. En su expresión flotaba algo más complejo… una preocupación densa, grave, y un rastro sutil de algo que al Country le pareció imposible: ¿Era culpa?
—Es lo que quería… siempre creí que es lo que quería… pero de alguna manera se siente mal —el pequeño lo miró con confusión, Tierra le devolvió una mirada afligida—. ¿Eso no sería perjudicial para ustedes? Detener todo tan repentinamente hará que el mundo por el que han trabajado por siglos se derrumbe. ¿Cómo se moverán sin sus autos? Y si la economía colapsa será un golpe duro para ustedes, ¿Podrán vivir sin electricidad? Sé que la necesitan para casi todo.
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Dos mundos, un universo.
FanfictionHasta ahora, los terríbolas vivían tranquilamente su vida cotidiana y los Countryballs se ocupaban de sus asuntos y problemas comunes de una agitada vida política, todos ignorantes de una verdad que podría cambiar el estilo de vida que han llevado d...
