El arcoiris después de la tormenta (2/2)

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El Salvador recorría los campos examinando los maizales, asegurándose de que no tuvieran plagas y revisando que el maíz creciera en óptimas condiciones. Había cierta paz en esa tarea tranquila, pero también le recordaba tiempos más sencillos, cuando era un don nadie que solo se preocupaba por cuidar su país. Desde la época colonial no lo había tenido fácil, pero al menos entonces no enfrentaba amenazas globales ni cósmicas; disfrutaba de una vida simple en el campo, viviendo en la pobreza pero sintiéndose feliz.

Desde que recibió la mariposa, sus responsabilidades se multiplicaron. Primero intentó averiguar cuál era el desastre que se avecinaba, solo para descubrir que la destrucción sería mundial. Luego fue desarrollando poderes que la mariposa le otorgó como herramientas para desenmascarar los planes malvados que se orquestaban, aunque nunca imaginó que serían tantos. Y finalmente tuvo que advertir al mundo que se preparara para la tragedia, con muy poco tiempo de anticipación. La mayoría de las cosas no salieron bien: nadie pudo evitar las calamidades que llegaron, y apenas lograron sobrevivir.

En el fondo, El Salvador no podía evitar sentir que había fracasado. Como portador de la mariposa, solo él tenía las herramientas para descubrir la verdad, pero el rompecabezas había sido demasiado difícil de armar. Primero creyó que se trataba de lograr que la Bola Humanidad aceptara que la Tierra tenía consciencia, pero él y el señor Spherical se toparon con un muro de incredulidad imposible de superar, ni siquiera con la ayuda inesperada de Astrobola, que reveló la verdad al mundo mediante una entrevista y una bitácora. Aunque tuvieron tiempo para preparar algún plan, nada salió como esperaban: la humanidad terminó convenciéndose de la peor manera posible, con un planeta furioso gritándoles a través de nubes.

Después pensó que SAR sería el villano que traería problemas, y aunque acertó en eso, tampoco supo de qué forma los perjudicaría. No pudo impedir que se aliara con las lunas ni que se adueñara de la dimensión del internet, porque simplemente no sabía que haría esas cosas. Había subestimado a SAR como verdugo de la humanidad y no le prestó suficiente atención hasta que fue demasiado tarde. Y cuando finalmente tuvo la oportunidad de enfrentarlo en el cinturón de asteroides, perdió la discusión.

Por último estaban las lunas. A ellas sí las descubrió a tiempo, y gracias a eso ONU y NASA pudieron preparar planes de contingencia para el fin del mundo. Eso fue probablemente lo único que hizo bien, pero la victoria fue incompleta: tampoco logró convencerlas de desistir en su ataque a la Tierra cuando tuvo la oportunidad de hablar con ellas. No se culpaba demasiado por ello, ya que la propia Tierra tampoco consiguió apaciguar al club Lunar. La guerra cósmica era inevitable. Al menos, gracias a que él estaba en el espacio como testigo, pudo advertir a la humanidad del peligro y lograron refugiarse. Eso estuvo bien.

El Salvador había hecho todo lo posible siguiendo las pistas que la mariposa le daba, pero no podía evitar pensar que pudo haber hecho más, que pudo haber actuado distinto... que quizá habría evitado tanta tragedia. Por eso ahora reflexionaba sobre todas sus decisiones mientras cuidaba sus maizales, intentando asegurarse de que no había arruinado las posibilidades de la humanidad de escapar a la masacre. Sin embargo, mientras más lo pensaba, más difícil le resultaba imaginar cómo salvarse de desastres que parecían planeados desde antes de que la mariposa llegara a su vida.

El club Lunar estaba decidido a atacar a la Tierra. ¿Cómo podría haberlo impedido? Los satélites llevaban milenios sintiéndose menospreciados y no existía argumento capaz de calmarlos; esa guerra era inevitable. SAR se marchó al espacio sin que Google ni NASA notaran el fallo en su programa. ¿Cómo detenerlo después de que abandonó a Astrobola y se alió con el club Lunar? No había manera de evitar esa alianza, ni siquiera pudieron impedir que más tarde secuestrara toda la tecnología. ¿Y cómo habrían evitado la llamarada solar? Aunque los salvó de SAR, también los perjudicó de otras formas. Todo parecía orquestado con demasiada anticipación, por eso la advertencia de la mariposa llegó demasiado tarde para impedir nada.

Dos mundos, un universo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora