"Eres amado"

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Desde que se despertó en el cuerpo de El Salvador, no había parado de recibir nuevas sensaciones.

Después de la sorpresa y el pánico inicial, Tierra comenzó a distraer su mente con la curiosidad que despertaba esta inusual experiencia. Aún le preocupaba no saber lo que pasaba y quería volver a su cuerpo, pero también había recibido la oportunidad única de sentir todo a través de un cuerpo humano. Así que, llenándose de tanta curiosidad que no pudo contenerla, salió a dar un paseo para apreciar su naturaleza desde la perspectiva que estar sobre su superficie le daba.

La Tierra (ahora con los ojos de El Salvador) caminaba entre la espesura de un bosque con una lentitud reverente. La luz de Sol ya no lo abrazaba con intensidad astronómica, sino como un susurro dorado sobre su piel, tibio y envolvente. Cerró los ojos y alzó el rostro, permitiendo que el calor le diera vida a su muy humano cuerpo. La luz lo acarició con suavidad, siendo muy diferente recibirla dentro de su atmósfera que fuera de ella.

A su alrededor, el bosque respiraba. Y por primera vez, él también lo hizo. Inhaló profundo y el sereno le llevó el aroma de hojas húmedas, cortezas vivas, y un dulzor lejano a fruta salvaje. Cada molécula tenía nombre, historia, textura. Entonces, escuchó un sonido: un trino de un ave, el canto claro de un zorzal, tan cercano que parecía estar hablándole. Tierra abrió los ojos, y el pájaro lo observaba desde una rama, cantando como si lo reconociera.

Hubo un crujido desde un matorral. De entre las sombras surgió una ardilla, peluda y curiosa. Se acercó sin miedo, olfateando con su naricita el aroma del cuerpo del Country. Tierra extendió la mano y la tocó, la ardilla era mansa, pero quizá solo porque se trataba de él. Su pelaje era más suave de lo que jamás habría imaginado; una mezcla de calidez y fragilidad que le provocó un nudo en la garganta.

—Así es como se sienten —murmuró, con voz apenas audible—. Es tan… suavecito.

No había más juicios de ningún tipo, solo asombro; no había lamentos de nadie, solo Tierra descubriendo sus propias creaciones. Y en ese instante, amar su propia naturaleza dejó de ser un deber cósmico… y se volvió un gesto humano.

El viento danzaba entre los árboles y Tierra, aún con el cuerpo de El Salvador, se recostó sobre una roca tibia. Sintió crujir su espalda contra la piedra con un suave dolor que se sintió placentero, “No sabía que el dolor también se podía sentir bien.” pensó, y sonrió. Qué maravilloso y contradictorio era el cuerpo humano.

Las hormigas subían por su costado, sin temor, trazando caminos que antes Tierra sólo veía desde el cielo. Ahora, cada paso sobre él era una cosquilla diminuta. Tierra las observó fascinado. Ya no se sentían solo como una especie con función biológica, ahora eran sus vecinas.

Entonces se llevó la mano al pecho. Allí, bajo el esternón, algo se agitaba. No era solo el corazón humano latiendo. Era la emoción, cruda e invisible, que llenaba su alma. Luego se sentó sobre la tierra húmeda y hundió los dedos en el barro. Entre sus uñas se colaron raíces finísimas, y el olor a vida vieja y nueva le llenó la nariz. Cerró los ojos otra vez, como si pudiera absorber ese instante entero en el cuerpo.

Un colibrí se detuvo frente a él, suspendido, mirándolo con ojos diminutos. Tierra apenas respiraba. El tiempo dejó de sentirse. No era un momento trascendental, no era un milagro, solo era un colibrí y eso bastaba.

—Gracias... —susurró—. Por venir a saludarme.

El bosque pareció inclinarse, apenas perceptible, como quien reconoce a un amigo que por fin regresó a casa. Entonces Tierra se levantó y siguió explorando. Con el tiempo, llegó al borde de un arroyo, hipnotizado por el correr cristalino del agua entre piedras suaves. No se acercó de inmediato. Observó cómo la luz del sol danzaba sobre la superficie, creando reflejos como luces brillantes. Había visto todos los océanos, supervisado tormentas, sentido la presión de glaciares milenarios… pero eso era saber que el agua existía. Esto era redescubrirla.

Dos mundos, un universo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora