Una simple colaboración en contra de la voluntad de ambos para evitar echar sus nombres a perder.
¿Qué es lo peor que puede pasar?
- Jojo's Bizarre Adventures no es de mi propiedad. Hago esta historia sin fines de lucro y como mera diversión
- La i...
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— ¿Entonces he solventado todas tus dudas respecto a los stands? — preguntó Jotaro, terminando su copa de agua mineral.
— Sí. Creo que sí — respondió Jin, quien dejó la cucharilla sobre el platillo donde en algún punto hubo un delicioso postre que comió más rápido de lo que le habría gustado.
— Entonces déjame darte un consejo, Nakamura.
Como si hubiese sido invocado, Tonio apareció solo para dejar la cuenta y esperar. El biólogo marino, sin esperar ni una sola palabra por parte del editor, enseñó su tarjeta de crédito, y el italiano, como si ya se lo esperara, sacó de la nada el datáfono para que pagara.
— Aléjate de este pueblo, y si alguna vez sospechas de que alguien podría ser un usuario de stand, llama a tu prima para que me llame a mi. Te agradecería que lo hicieras solo si estás 100% seguro. No estoy para perder el tiempo — terminó de teclear su clave, y la máquina empezó a imprimir el recibo que Tonio tomó para luego hacer una reverencia y marcharse —. Te invito yo. Espero que te hayas quedado tranquilo.
Jotaro se levantó, dispuesto a irse, pero para su sorpresa, sintió un tirón de su gabardina. Giró la cabeza, solo para ver como Jin le miraba con ojos algo centelleantes.
— No me pienso alejar de este pueblo mientras mi prima esté aquí. Ella es mi familia, y haría lo que fuera con tal de saber que está bien y a salvo. Ya que no puedo sacarla de aquí hasta que termine el manga, porque, irónicamente, este a su vez es el sitio donde más segura puede estar, así que pienso venir aquí todo lo que haga falta para saber como está.
El editor vio como por un momento, los ojos azules, que ahora por la iluminación eran algo más verdosos, se oscurecieron, antes de volver a retomar su camino. Él, lo siguió en silencio hasta salir del local y caminar unos cuantos metros.
— Sé lo que sientes, pero créeme — simplemente dijo Jotaro, sin siquiera voltearse a verle.
Jin se tragó todas las ganas que tenía de echarle en cara aquella frase. Aunque Jotaro le gustara hasta las trancas, nadie le iba a impedir alejarse de Kairi. Sabía que era una de las pocas personas que podía estar cerca de ella a pesar de los múltiples intentos de la mangaka por alejarse de él. Por alguna razón, había llegado a intuir que Kairi tenía la sensación de que le hacía daño a los demás, y más de una vez había intentado encerrarse sola en su burbuja. Aunque ahora sabía que su prima tenía a su lado a ese excéntrico mangaka del cual dudaba algunas veces, a pesar de que sabía que él cuidaría de ella junto con él, no quería apartarse demasiado. Le habían dolido demasiado esos meses sin verla por culpa de su mudanza temporal.
— ¿Tú te has apartado de tu familia para protegerlos? — preguntó, directamente, sin andarse por las ramas.
Notó como los puños de Jotaro se apretaron en los bolsillos de su gabardina, antes de que fijara su mirada en el frente. Inmediatamente notó que pasaba algo, pues el mayor se puso delante de él, como si quisiera protegerle. Miró con dificultad por encima de su hombro debido a su altura, viendo como a unos 20 metros de distancia había un hombre haciendo una pose muy poco natural. Al principio pensó que se podía tratar de alguno de esos artistas callejeros que hacían poses imposibles para conseguir algo de limosna, pero esa teoría se descartó cuando alrededor suya vio como habían varios cuerpos tirados cubiertos de algo similar a la madera. Al enfocarlos bien, tuvo que contener un grito de horror al ver que de hecho, esas personas eran madera. Tenían poses variadas como si estuvieran caminando, corriendo, e incluso había uno que parecía que estaba atrapando algo.