Una simple colaboración en contra de la voluntad de ambos para evitar echar sus nombres a perder.
¿Qué es lo peor que puede pasar?
- Jojo's Bizarre Adventures no es de mi propiedad. Hago esta historia sin fines de lucro y como mera diversión
- La i...
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Los dientes de Rohan castañeaban sin parar mientras caminaba por la nieve. Se estaba intentando dirigir a la casa de Koichi, pero desde que se había mudado con Yukako estaba mucho más lejos que antes, obligándolo a caminar más. Tampoco quería presentarse en esa situación en la casa de ninguno de sus vecinos. Sería demasiado humillante, y no podrían comprender lo que estaba pasando.
— ¿Dónde está?
— ¡Tenemos que encontrarle!
Escuchar esas voces no le puso los vellos de punta porque ya estaban crispados por culpa del frío. Corrió un poco, y se escondió en unos arbustos cercanos que por suerte conservaban las mayoría de sus hojas. Se tapó su boca con sus manos para evitar que el sonido del castañeo le delatara, e intentó tapar su pecho lo mejor posible con su otro brazo para que este mantuviera por lo menos algo de calor. Aquello ya parecía una broma del destino que se había tomado muy en serio cuando le comentó a Kairi que lo que le pasaba a él no le pasaba a nadie.
Observó a través de las ramas como una ola de chicas corría por delante de la planta, sin percatarse de su presencia para su buena suerte. Suspiró, viendo el vaho que se formaba al salir el cálido aire de su boca. Parecía que hacía cada vez más frío.
Salió de su escondite, menos sigiloso de lo que le habría gustado, y algo magullado por los roces de las ramas, pero para ese punto no podía sentir los pies ni las manos, y a su nariz le debía de quedar poco para caerse a pedazos. Ni siquiera llevaba cinco minutos fuera y ya las tenía encima. Para colmo, parecía que ellas sí que eran inmunes al frío, solamente vistiendo aquel traje escolar.
Volvió a retomar su marcha, aunque no duró ni cinco minutos más cuando cayó a la nieve. No podía aguantar más. Era una de las peores sensaciones que había experimentado en su vida, por no decir la que más. No iba a llegar a la casa de Koichi, y nadie iba a pasar por ahí después de la advertencia de que permanecieran en casa. La encontrarían esas locas antes o después, y estaría vulnerable a lo que fuera que tuvieran pensado hacerle.
Tembló. No quería que ese fuera su destino. Debía mantenerse caliente de alguna forma. Se maldijo a si mismo por no haberse escrito a si mismo alguna orden con Heaven's Door para ser inmune al frío, aunque para esas alturas ni siquiera tenía claro si podía hacerlo. Parecía que su cerebro había dejado de funcionar correctamente.
Puede que fuera también por eso que no notó con exactitud cuando alguien se colocó al lado suyo y le echó su chaqueta encima, cargándolo para llevarlo a un lugar seguro.
·····
— ¡Rohan-sensei! ¡Rohan-sensei!
No se había llegado a desmayar en ningún momento, pero escuchar la voz de Josuke fue como el despertador que te saca de un largo sueño. Su cuerpo tenía temperatura algo fría, pero gracias al aire del coche y la chaqueta del policía estaba mucho mejor que ahí fuera.