Una simple colaboración en contra de la voluntad de ambos para evitar echar sus nombres a perder.
¿Qué es lo peor que puede pasar?
- Jojo's Bizarre Adventures no es de mi propiedad. Hago esta historia sin fines de lucro y como mera diversión
- La i...
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Era algo que pasaba tan desapercibido cuando llevaba las gafas bien puestas, que lo había estado pasando por alto. Incluso cuando lo había notado, pensó que era cosa de su imaginación.
De la propia impresión de descubrirlo, había detenido su paso, y ahora podía sentir como Rohan y su abuela le miraban extrañados.
Aquello era demasiado bonito para ser verdad después de todo.
Cuando las lentes cayeron un poco, pudo ver como su vista borrosa captaba un escenario completamente distinto.
Por encima de la montura dorada, podía percibir un paisaje azulado y blanquecino. Al no poder verlo completamente, tenía que apostar que era el cielo. Sería algo común, al fin y al cabo, el cielo siempre estaba por encima de sus cabezas, pero dentro de aquella ilusión la luz del sol ya se había empezado a ocultar, y el contraste con los colores más oscuros era bastante evidente. No solo eso, sino que a través de los cristales podía ver la mitad inferior de su abuela y de Rohan, mientras que en la parte superior ya ni siquiera distinguía su silueta.
— Kairi, ¿está todo bien?
Incluso las voces se empezaron a escuchar distorsionadas, lejanas, irreales en general.
Tuvo el impulso de volver a ponerse las gafas bien y hacer como si nada hubiese pasado. Seguir con aquella feliz mentira como si nada. Ser completamente feliz.
Tampoco sabe en que momento su mano sujetó el puente de las gafas, dispuesto a seguir con aquel sueño, pero su cerebro pareció mandar por aquella vez.
¿Cuánto duraría aquella mentira en caso de que la siguiera? ¿Estarían sus amigos en la misma situación que ella? ¿Estaría Rohan en peligro o habrá averiguado la forma de evitar al stand enemigo?
Ahora el deber recaía sobre ella. Tenía que ser la que se asegurara de que todos salieran a salvo. No Jotaro, no Rohan, no Josuke o cualquiera de los demás. Ella.
Así que desvió su mano hacia la patilla, y con un lento movimiento se quitó las gafas, viendo delante de ella el borroso paisaje del pueblo, y apreciando con dificultad el acantilado por el que se habría caído si hubiese seguido caminando.
·····
— ¡Corre Okuyasu!
El aludido miró con nerviosismo a Josuke, quien esperaba al lado de la puerta del concesionario dando saltitos de emoción.
— ¡Ya voy!
Corrió hacia donde estaba él, y se dio media vuelta a mitad de camino.
— ¡Se me ha olvidado el dinero!
Volvió a la moto, solo para darse cuenta de que el susodicho siempre estuvo en su bolsillo. Rió un poco, antes de retomar su camino.
Cuando estuvo a punto de alcanzar a su amigo, sintió como su pie pisó el vacío, e inmediatamente caía hacia él. Ni siquiera se inmutó en gritar. Pensó que sería un tropezón simple y se levantaría entre risas, ni sospechó cuando empezó a pensar que aquella caída estaba tardando más de la cuenta.