Una simple colaboración en contra de la voluntad de ambos para evitar echar sus nombres a perder.
¿Qué es lo peor que puede pasar?
- Jojo's Bizarre Adventures no es de mi propiedad. Hago esta historia sin fines de lucro y como mera diversión
- La i...
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— ¡Kai! ¡Baja a desayunar! — gritó Rohan, molesto.
Hacía dos horas que él había dejado su cama para empezar el día, y ella ni siquiera se había dignado a salir de la habitación. Ya había sucedido que a alguno de los dos se le pegaban las sábanas y le costaba más levantarse de la cama (generalmente porque se habían quedado hasta tarde dibujando o discutiendo el argumento del nuevo capítulo), y aunque era algo inevitable después de vivir ya un tiempo razonable juntos, en esas situaciones solo solían quedarse dormidos media hora, como mucho tres cuartos, pero aquello ya era desmesurado.
De repente, escuchó un estruendo arriba, como si se cayeran varias cosas a la vez. Por el ruido podría decir que primero había sido algo más pesado, como una persona, y luego cosas más livianas. Claro, ¿por qué la opción más radical era la última que se le venía siempre a la cabeza? Podría estar siendo atacada por un usuario de stand.
Se levantó tan rápido que tiró la silla, y corrió hacia las escaleras, saltando la barandilla para no perder tiempo en rodearla, volando hacia la habitación de su compañera, y sin tan siquiera esperar permiso, abrió la puerta de un golpe.
Kairi estaba tirada en el suelo, con la camisa a medio abrochar y la respiración entre cortada. Ni siquiera tenía puestas las gafas, y su pelo estaba más enmarañado que de costumbre. A su alrededor, había varios libros tirados y algo de ropa, como si se hubiese intentado sujetar a ellos antes de caer, solo para que se desplomaran junto a ella.
Se agachó al lado de ella, y en cuanto tocó su piel, notó como estaba a una temperatura demasiado alta, además de estar impregnada de sudor.
— No me encuentro bien... — murmuró la mangaka, y aferrándose a la camiseta de su compañero, levantando la mirada.
— ¿Quién lo iba a decir? — habló con sarcasmo el varón, pero no se enfocó mucho en señalar lo evidente.
Los ojos ambarinos brillaban al estar aguados, e incluso la humedad se notaba alrededor de estos. Tenía las mejillas rojas a más no poder, y Rohan podía ver las gotas de sudor cayendo por los laterales de su rostro.
— ¿Esto es por la hepatitis? — preguntó, sosteniendo su cabeza y entrelazando su mano con la que había agarrado su ropa, aunque se respondió a si mismo cuando vio que algunos de los mechones cobrizos se habían empezado a teñir de un color violeta oscuro.
— No lo sé... — las pupilas de la fémina parecieron perderse, como si mirara algo a través del cuerpo del varón — No he llegado a estar tan mal... Solo perdí un poco de peso y tenía ictericia... — su voz lentamente se fue apagando, apoyándose en la mano que sostenía su cabeza.
— Kai, Kai, mírame. No actúes como si te fueras a morir ahora — reclamó entre molesto y preocupado, usando la mano que sujetaba su cabeza para levantarla un poco.