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 Tras cada ataque, Kairi retrocedía un paso más, mientras que el enemigo se acercaba otro

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Tras cada ataque, Kairi retrocedía un paso más, mientras que el enemigo se acercaba otro.

Le era imposible pensar en un contraataque más allá de usar la barra de acero para que, por cada puñetazo, se clavara en uno de los dedos de la gran mano azul, pero eso no parecía importarle a pesar de ya parecer un queso suizo.

Por si fuera poco Dokku no mentía. Su stand era una gran ofensiva. Por cada golpe, no solo hacía retroceder a Black Keys mientras le clavaba el pincho de acero, sino que conseguía que en el instante en que su puño se alejara, se acercara el otro para no dejarle descansar. Por esto, ya se le habían caído varios barrotes y de mientras que creaba alguno nuevo se veía obligada a esquivar torpemente.

Lo único que había podido averiguar a parte de su habilidad principal eran dos cosas. La primera, que el stand tenía un alcance de quince metros aproximadamente, bastante capacidad para un stand ofensivo teniendo en cuenta que ni Crazy Diamond, ni Star Platinum, ni The Hand, siendo del mismo tipo, podían pasar los dos metros. Lo segundo, era que daba igual si cortaba los muelles que unían sus manos con sus muñecas, se volverían a unir.

Se había arriesgado a dejar que un golpe acertara en Black Keys para que este volviera a usar el truco del mandoble cayendo en su brazo. Aquella vez se aseguró de que lo cortara bien, pero el muelle simplemente buscó su otra mitad y siguió atacando. Por esa acción ahora podía notar el sabor metálico en su boca, sin saber exactamente que tenía roto. Esperaba que solo se hubiese mordido la lengua y por la adrenalina no notaba el dolor.

Su stand recibió otro ataque, y clavó su arma en el puño como había estado haciendo todo este tiempo, antes de recibir un golpetazo que no vio venir por culpa de la niebla en la cara, lo suficientemente fuerte como para dejar a Kairi atontada. Black Keys se desvaneció debido al aturdimiento, y antes de poder darse cuenta, la gran mano azulada la atrapó y la atrajo hacia sus enemigos. Ahora, podía ver con claridad que Dokku ni siquiera se estaba tomando en serio el asunto. Detrás de él estaba su stand apoyándolo. Al igual que su usuario, sus manos estaban separadas de sus muñecas, manteniendo un color azul por todo su cuerpo junto con un patrón de elipses. Triplicaba el tamaño de su usuario, y sus ojos eran exclusivamente de un color amarillento fluorescente.

El varón tenía dos pares de manos, y solo le había hecho falta usar uno para atraparla.

— Tenías razón. Tu stand no es una porquería, es peor que eso — dijo el hombre, apretando su agarre.

La mangaka sintió como su orgullo era herido por aquella frase. ¿Qué le estaba pasando? Hacía un par de horas, careciendo de un sentido de la vista tan bueno como el que tenía ahora, había sido capaz de darle batalla a Asa, y ahora ni siquiera era capaz de reaccionar ante unos predecibles puñetazos. Tenía que enfocarse, tenía que despejar su mente. Tenía que arreglar toda esta situación que ella había provocado...

Claro. Eso era.

Tenía que arreglar toda esa situación que ella había provocado. Su mente estaba bloqueada porque sabía que quien tenía el deber de solucionar eso era ella. Ella había sido quien ese día se había dejado atacar, quien había metido a los usuarios de stand de Morioh en ese embrollo, y quien ahora había puesto al pueblo entero en peligro. Era su responsabilidad. Y por eso odiaba admitir que aquello le venía grande.

𝓒𝓸𝓵𝓵𝓪𝓫𝓸𝓻𝓪𝓽𝓲𝓸𝓷 | ᴋɪꜱʜɪʙᴇ ʀᴏʜᴀɴ |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora