Capitulo XLI

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Como era de temer, el entrar al hospital fue un problema, y mantuve una medio mirada vigilando a la enfermera que volvía a ser regañada. Era un poco divertido si no estuviera en la cuerda floja de perder su trabajo. La potrilla en mis brazos hacía tiempo se había ido.

Miré hacia el edificio inmaculado por el tiempo; apenas roído por él. No podía ver mucho a través de las ventanas por la hora del día.

Escuché cascos acercarse. Giré hacia donde mis orejas indicaban, viendo a un pequeño grupo de yeguas viniendo a mí.

Preparando mi lengua y tragando saliva, sentí unos brazos envolver mi cuello por detrás. Abrí la mandíbula para morder mientras llevaba mis cascos para destrozar. Y me detuve, decidí confiar, y pronto sentí las lágrimas caer por mi espalda.

Miré los brazos unos momentos. Eran reconocibles si ignoraba los escombros o polvo de este.

la yegua, esa que casi había matado, y por la que casi morí por salvar.

*GURP*.

«Cállate, pedazo de mierda». Dando un suspiro, me dejó abrazar unos segundos más y quitó los cascos de mi cuello. Volteé a verla un momento, hice un movimiento de cabeza para que entrara al lugar.

No pasó mucho para que asintiera y se fuera, su cola entre las piernas.

—¿Qué fue eso?—.

Me encogí de hombros por el comentario de una de las yeguas que venía.

—¿Al menos puedes ser un poco más cortés y responder—, mi oreja se movió en reconocimiento, —bestia?—.

El movimiento de mi oreja se detuvo. Volteé a verla lentamente, la vi encogerse visiblemente. Vi como otra yegua le dio un golpe en el costado, así que me levanté lentamente, pero después de unos segundos, mi pezuña delantera cedió y me dejó caer al suelo con un golpe seco.

Escuché la conversación cesar a los alrededores. Dando varios suspiros, forcé mi cuerpo a levantarse con dos pezuñas. El equilibrio era un placer del cual no podía disfrutar.

Con un leve gruñido, di un paso hacia adelante. Vi a todos retroceder varios pasos. Mi sonrisa creció y sentía la sangre salir de mi labio, los más alejados huyeron rápidamente con la cola entre las patas. Mi respiración se volvió mucho más pesada.

La única que no retrocedió fue la yegua morada. Ella avanzó y me miró a los ojos.

—Las bestias más peligrosas son las que están heridas—. La vi escanearme con los ojos. —No eres diferente a las bestias—. Sentí la mirada de superioridad mientras la vi activar su cuerno.

Mi cuerpo se tensó rápidamente cuando el peso de mi cuerpo subió repentinamente, y tuve que usar mi muñón para dar más apoyo a mi cuerpo. Podía ver el espacio distorsionarse un poco a mi alrededor, o sería mejor dicho, todo estaba distorsionado.

La miré a los ojos en cada momento, y la noté sorprendida, pero un momento después el peso fue mucho más fuerte y pude sentir el suelo agrietarse en mis pezuñas, y estas mismas sonando y crujiendo.

No era factible, menos cuando vi dos armaduras acercarse lentamente. Mi cuerpo colapsó antes que pudiera descubrirlo, mi barril chocó contra el suelo como un estrépito, mis pezuñas se extendieron, mi pierna trasera maltrecha dolió mucho.

El peso no cesó, y podía ver su mirada, y sentí mi rabia aumentar con cada segundo.

Mi cuerno empezó a chisporrotear, lentamente intentando cobrar vida. Vi un cuerpo blanco pararse enfrente de mí, y un tramo de pelo rosa cayó en mi hocico.

—Detén esto, Twilight—.

—Debe ser juzgado. Mira todo el daño que causó—.

—¿Por qué razón? Él no hizo nada—.

—Daños materiales, civiles heridos, y casi un intento de asesinato—. Escuché una pausa. —¿Crees que eso no es nada?—.

—¿Y qué pasa con ese gran dragón?—.

—Eso es un tema aparte. Me ocuparé de eso más tarde, pero por ahora, esta bestia es la prioridad. Atacó sin motivo—.

—Y ese dragón no hizo lo mismo—.

Intenta tener una vida honesta.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora