Capitulo XLIII

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Miré el cielo quizás por cuadragésima vez, eran muchos dragones.

Me acosté en la zanja de espaldas, mi cola sobre mis pelotas tapando metafóricamente mi decencia de miradas indiscretas, mientras tenía mi otra pierna encima de ellas.

Di una calada lenta al cigarro que había podido comprar. Hacía mucho que había dejado de fumar.

Di otra calada para soplarla luego de unos segundos, anillos de humo salieron como si fueran tocables. Vi levemente hacia abajo a cinco yeguas de colores mirando el cielo, sacando un poco sus colas para mantener el equilibrio, y estando no directamente detrás de ellas, tenía una vista que muchos envidiarán.

A veces se movían de lado a lado para acomodarse. Las tetas grandes se movían lento, las pequeñas eran más rápidas, pero ninguna decepcionó ante la visión.

Vi una mano que se me puso en medio, cerca había un panecillo, la mano temblaba levemente. Encendí mi cuerno y atraje el panecillo, vi una mano con una cicatriz en la palma, era mucho más clara que sus escamas.

Cuando cerró la mano le temblaron los dedos, como si fuera difícil cerrarla.

Di una calada y escupí un anillo de humo a la magdalena en el aire. Me quité el cigarro de la boca y empecé a comer, agarrando la magdalena con mi codo interno, cerca del final de la media, y mientras comía, escuché muy poco la discusión de los coloridos, junto al dragón.

Un ir y venir casi sin sentido y sin importancia para mí.

La magdalena estaba bastante llena de amor, eso era bueno; quizás un buen sabor también. Mordi otro pedazo, llevándome parte del envoltorio. Lo seguí mordiendo y luego fui tragando por trozos.

Miré el cielo una vez más, varios dragones se chocaban entre sí. Mis ojos se encontraron con uno de color rojo, era bastante mas grande que cualquiera que hubiera visto, o por lo menos un poco mas grande que uno al que dañé.

Un azul grisáceo y de cuernos invertidos, cosa divertida. Aunque volaba muy alto, sentí su mirada en mí y yo le devolví la mirada.

Pasaron segundos antes de que se perdiera en el horizonte, apenas dejando de sentir su aura.

¿Esto es a lo que llaman los top globales? Aunque una mala broma, era práctica. Eso es algo poderoso, tanto como para detectar mi presencia como una molestia.

—¿Qué serás? Será divertido tratar contigo, oh, gran dragón—. Dejé de escuchar la conversación, parpadeé un momento y miré hacia abajo.

—Se supone que eres un guardaespaldas—. Alcé una ceja ante el comentario de la blanca.

—No eres mi contratista, así que por mí, quémate—.

—El trabajo decía proteger a los ponys asociados—.

—¿Segura que está bien redactado?—.

—Está en negrita, y remarcado dos veces en la palabra asociados—.

Chiste, y fruncí el ceño levemente, luego hice un ademán con la pezuña mientras miraba el aire.

—Tú... ¿crees que soy un verdadero dragón?—.

Bajé la mirada un momento, el dragón estaba a mi lado tocándose las manos nerviosamente.

—Eres más temible y más grande que la mayoría que vi hoy—.

—Pero, ahora soy pequeño..., y para crecer así, tengo que volverme codicioso—.

—¿Y quién dijo que ser codicioso es malo?—.

Intenta tener una vida honesta.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora