—¿Qué día es?—. Era una pregunta bastante simple. ¿El problema? Bueno, no sabía cuánto tiempo estuve inconsciente, y según mis lesiones, probablemente me hubiera desmayado un par de días.
*Gurp*.
—Sí. Sí, ya te escuché—.
«Agh. Esto es realmente molesto». Sentía como si mi estómago se estuviera consumiendo a sí mismo.
Me levanté un poco más de la cama, mi pierna al parecer había sido sellada correctamente en la gub, un problema menos, ahora a lidiar con los siguientes.
*Snif, snif*.
—Sí, eso debe confirmar que he pasado un tiempo acostado—. Si el hambre no fuera suficiente, olía como un cerdo. —Oh, por todo... ¿Cuánto tiempo me revolqué en mi suciedad?—. Una pregunta que no tendría respuesta.
Miré mi mesa de noche. No había cambiado mucho, solo había un poco de polvo ahí y allá.
Intenté bajarme de la cama para poder pararme. Fue una mala idea, tal vez, pero qué más pasaría si no lo hacía. Con una mayor concentración intentaba levantarme. El mareo caía como una cascada en mi cerebro, la debilidad muscular y la rigidez de mis articulaciones eran casi insoportables.
Casi no insoportables. Como pude me puse de pie sobre tres pezuñas temblorosas, no era muy estable. Mi vista se ponía borrosa por momentos, pero no había nada fuera de lo que me había pasado antes. Solo tenía que hacer que esto fuera algo cotidiano.
Miré fuera por mi ventana. Era de día, y por la posición del sol debía asumir que ya había pasado el mediodía.
—Agh, comprar comida no será divertido—. Balbuceé un par de cosas más, pero cuando mi vista se reenfoco se me ocurrió una idea. —Solo..., tal vez..., pueda hacer amigos o entablar una relación más amigable con estos equinos, y las magdalenas se deben haber hecho recientemente, así que premio doble—.
Pobre y triste Orion, la vida no es de color de rosas y lo sabes, engañarte no siempre funciona y tienes que estar atento de todos a tu alrededor. Una lección que es dura de aprender.
Una pequeña sonrisa se formó en mi rostro.
—Solo tengo que aguantar, tal vez esto cambie para mejor—.
Moviéndome tal vez demasiado rápido para mi condición actual, me estrellé contra los cajones de mi mesa de noche.
Genial, ahora me dolía el hocico. Podía saborear un poco el cobre.
Mhm. Tragué la sangre que había en mi boca, no importaba qué hiciera la sangre se quedó dentro mío, tal vez no en el lugar correcto, pero me las apañaría con lo que tenía.
Miré las alforjas que estaban sobre mi espalda. El diario que había encontrado estaba a unos pocos pies de distancia, esa sería una lectura para más tarde. Me levanté lentamente y mis articulaciones empezaban a hacer crujidos; la falta de movilidad tiende a hacer eso. Estiré mi cuello y agarré la correa de mis alforjas, las coloqué sobre mis flancos y con mi telekinesis táctil la abracé en su lugar correspondiente. Solía olvidar la telekinesis táctil, era bastante útil si me ponía a pensarlo.
No puedo congelar las partículas, solo las puedo encapsular, así que no a bolas de fuego o pezuñas de hielo en peleas. Claro, podía hacerlo con mi magia, pero la retribución no sería bonita. Las quemaduras y la fatiga por magia no son una buena combinación, y por favor, no hablemos del hielo y fatiga mágica, eso es inconsciencia al instante.
Despertar a principios de primavera cuando estaba al final del invierno no fue una experiencia agradable, mi mente se encapsuló y casi había perdido mis extremidades por ello, con suerte logré regenerar el músculo que se había atrofiado, pero eso tardó mucho tiempo. No es divertido caminar como borracho todo el día, al menos los ponys no me atacaron en ese momento, tal vez fue suerte. ¿Oh tal vez mala? ¿Importaba? Nop.
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Intenta tener una vida honesta.
Hayran KurguMi nombre es Orion soy un Changeling, no siempre lo fui antes era un humano, no recuerdo como llegué aqui, tampoco conosco este mundo, apareci en este mundo como la especie paracitaria y engañosa de este planeta, yo no quiero ser asi, asi que vivire...
