Capitulo XXXIII

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Suspiré, estaba cansado. Los días en cuidados intensivos hicieron que mi fatiga mental empeorara, pero tampoco es tan importante ahora.

¿Mi nueva misión? Eso es divertido, tengo que cuidar a un pony.

Qué, cómo pasó...

...

¿Por qué estoy explicando esto o narrándolo? Dios, estoy en mi cabeza solo, no tengo por qué explicar esto.

—¿Sucede algo?—.

Mis ojos se dirigieron hacia la voz.

—Nada—.

—Estás distraído. Llevo un rato intentando llamar tu atención—.

—Ujum—. ¿Me importaba que me llamara?, debería. Porque era mi misión.

—No recuerdas mi nombre, ¿cierto?—.

—Te mentiría si dijera algo positivo—.

La escuché bufar, luego vi como se tambaleaba de un lado a otro. Moví mi cuerpo, interceptando su costado con el mío, y con mi T.K., mantuve un mejor equilibrio.

—Todos los ponys nos están viendo—.

—¿Prefieres comer tierra de nuevo?—.

Se estabilizó, luego volvió a caminar con sus patas delanteras.

—¿Es difícil la silla de ruedas?—.

—Mis ancas están más arriba, así que no me lo recuerdes—.

Respiré hondo, pero el dolor agudo hizo que casi me inclinara del dolor.

—¿Ves?, tú tampoco has sanado. Tanto te regocijaste que estarías bien en poco tiempo—.

—Golpe bajo—.

La vi fruncir el ceño mientras sus orejas se movían indignadas.

Me reí por lo bajo...

...

...

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Antiséptico.

Abrí mis ojos viendo el techo blanco.

*Scotch. Scotch*.

Mis orejas se movieron hacia mi izquierda. Al mirar hacia ese lado vi a una yegua amarillo crema y con melena roja vino... Oh, la del flanco de rosa. ¿Qué estaba haciendo de nuevo?

Los recuerdos llegaron como una avalancha. Ya había hablado un rato antes, pero necesitaba descansar de la fatiga mental.

La enfermera Redheart estaba atendiendo y dándole de comer. También había traído algo que apenas podía ver, pero era un contraste distinto a lo que había aquí, así que era fácil notarlo.

Sus orejas se movieron y me miraron.

Parpadee.

—Eres como un abeto en invierno—.

La blanca cerúlea se burló, y sentí cómo una vena empezó a tener problemas en mi frente.

—¿Qué? ¿El gato te comió la lengua?—.

—¿Qué?, ¿comes payasos en tus descansos?—.

El blanco fue reemplazado por un rosa... Oh, come verga de payaso.

—Qué tonterías dices. ¿Tu cabeza quedó vacía por el golpe?—. Sus orejas estaban tiradas hacia atrás mientras se escondía detrás de sus pezuñas.

Intenta tener una vida honesta.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora