capitulo XV

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Entrar en el subconsciente de alguien no era agradable a mi punto de vista.

Realmente, ver los pensamientos, recuerdos y más cosas de la memoria en burbujas a mi alrededor no era tan divertido que digamos, y menos esta parte.

—¿Cómo, en el tártaro, entraste aquí?—.

Una voz de barítono un tanto familiar sonó gritándome. Miré hacia lo que hacía aquel sonido. Era Big, pero este tenía alas y un cuerno, una corona y un collar. Tuve que morderme el labio para no reír, y así pasaron lo que parecían minutos, y yo solo estaba intentando tranquilizarme.

—Ok, ok, ya me calmé—, dije soltando un resoplido, luego lo miré. —¿Puedo asumir que eres el subconsciente de Big, no?—.

—¿Cómo sabes eso? Y por las manzanas, responde la pregunta—.

—Agh, qué actitud—. Rodé los ojos un momento. —Al parecer el recuerdo no ha llegado a la memoria de largo plazo, así que será más rápido—.

Intenté adentrarme en la línea de recuerdos recientes, de traumas y la de malos recuerdos. Lidiar con la mente no era fácil; bifurcaciones en las bifurcaciones, nada tenía sentido, pero a la vez todo estaba ordenado de una manera específicamente extraña.

Mientras miraba a mi alrededor vi al Big que tenía alas siguiéndome, no le presté mucha atención; lo único que podría hacer sería molestarme verbalmente, ya que Big (el de afuera) me había dado permiso para poder ayudarlo con su mente, así que este Big príncipe no era un problema, caso contrario si no me hubiera dado el permiso.

—¿A qué te refieres con recuerdo? ¿Qué quieres que no se almacene aquí?—.

Hizo una seña con sus cascos al vasto paisaje mental. Rodé los ojos ante esto.

—No mucho, solo quiero eliminar un trauma y un recuerdo sobre algo de lo que acaba de ver—.

—¿Debería preocuparme por eso?—, preguntó.

Me encogí de hombros, estaría aquí adentro un rato buscando el recuerdo en específico y luego modificarlo en lugares específicos.

—Realmente no sabría cómo responderte, las mentes de cada ser son distintas y tienen sus modos de lidiar con sus problemas—, le respondí, un poco distraído porque habíamos llegado a un lugar con especies de recuerdos traumáticos y vergonzosos.

—¿Ya has estado en la mente de otro pony antes?—.

—Solo una vez, y no fue gracioso ni divertido, tuve que entrar de manera forzada y eliminar muchas cosas que la tenían mal—.

—¿Era una yegua?—, preguntó alzando una ceja inquisitiva.

—Eso no te importa—. Me quedé callado un rato. —Pero sí, era una yegua—.

—¿Cómo está ahora?—.

Lo miré un momento para detenerme, giré mi cuerpo hacia él y le respondí:

—Un par de metros bajo tierra. Lo que le hice a su mente fue un favor, aunque de manera forzada. Ver una sonrisa en su rostro fue suficiente como para haber traicionado su confianza—.

—¿Qué fue lo que pasó?—.

—Algo en lo que no te incumbe, y de todos modos, estoy aquí intentando ayudar a tu parte que dirige el cuerpo a no quedar tieso como un palo por el resto de sus días—.

Después de ese comentario hubo silencio.

—... ¿Cómo se llamaba?—.

Lo miré y un ceño fruncido se formó en mi rostro.

Intenta tener una vida honesta.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora