Lo único que quería en estos momentos era estar sola, no podía soportar perder a Maggy una muy buena amiga a quien quise demasiado. Catriel y Nethan me acompañaron a cada momento, no me dejaban sola, a pesar de que quería estarlo. Después de haber llorado en el momento en que encontramos a Maggy muerta, y en su funeral no volví a hacerlo.
- Alaya, no tienes que ser fuerte, puedes llorar, lo sabes ¿no es cierto?- me dijo Catriel.
- Estoy bien, solo quiero ir a casa- dije sin verlo a los ojos, habíamos venido ya varias veces al cementerio solo para traerle flores a Maggy.
- Si, es hora- dijo y Nethan apareció para ayudarme a levantar. Ambos han sido de gran ayuda para mí en todo lo que ha sucedido.
Vestía de negro aunque ya había pasado casi tres semanas desde la muerte de Maggy. Sentía que si dejaba de usarlo aceptaría que no había vuelta atrás para la muerte de Maggy y no estaba lista para eso. El camino estuvo muy silencioso, ninguno de los tres se animaba a hablar. Yo, a pesar de estar muy triste no podría permitir que alguien me viera mal, nunca me ha gustado eso. Ya era suficiente que me vieran llorar en el funeral.
- Alaya, sabes que puedes llorar ¿cierto? todos entendemos lo doloroso que es para ti haber perdido a tu amiga, casi hermana- dijo Nethan que sonaba un poco preocupado.
- Estoy bien- dije muy seria e inexpresiva.
- Solo quería que lo supieras- dijo y volvió su vista hacia la ventana.
Al poco tiempo llegamos a mi casa. Bajamos del auto, Catriel me acompaño hasta la puerta, Nethan se quedó en el auto. Intenté abrir la puerta por mi cuenta pero mis manos me temblaban demasiado que se me cayeron las llaves. Catriel se dio cuenta y abrió por mí.
- Gracias-le dije.
- No hay de que- dijo iba a entrar junto conmigo pero negué con la cabeza.
- Quiero estar sola- dije antes de que entrara, y antes de que pudiera objetar algo cerré la puerta.
Lo único que quería en estos momentos era estar sola, no quería que nadie me viera mal. Fui corriendo a mi habitación y me duche, en la ducha lloré como nunca antes lo había hecho. ¿Por qué le tenía que pasarle esto a ella, en todas las personas que hay en el mundo? ¿Por qué a ella? Estaba demasiado triste, así que solo me cambié y me recosté en mi cama.
Sentía que alguien me observaba, pero no quería prestarle importancia a eso ya que estaba muy segura de que era Catriel. Quería escribir un poco, pero el simple hecho de que mi amiga no estuviera ya conmigo me impedía hacerlo. La quería en este momento conmigo, quería que me diera sus grandes charlas acerca de chicos, maquillaje y cosas de chicas que a ella siempre le agradaban pero ya no era posible, se había ido.
Me quede completamente dormida y no me desperté hasta el siguiente día con el toqueteo de mi puerta. Medio abrí los ojos y revisé mi celular, eran las once de la mañana, pero no me importaba, no tenía ganas de hacer nada.
-Alaya, deberías bajar a comer algo- me dijo mi mamá preocupada. Los domingos no iba a trabajar, a menos que hubiera una emergencia en el hospital.
-No tengo hambre- le dije y me tapé toda la cara con la manta.
-Muy bien, solo pero solo recuerda que eso no te hace bien- dijo sentándose en la cama y destapándome la cara.- No tienes que ser fuerte cariño, puedes llorar, ser fuerte no significa dejar de llorar, ser fuerte es llorar y aun así levantarse y afrontar el mundo con una sonrisa- dijo mi mamá con un poco de lastima en su mirada- Así que llora Al, pero recuerda levantarte con una sonrisa.
- La extraño mucho mamá, ella era como una hermana- le dije.
- Lo se cariño- dijo me abrazo y luego salió de mi habitación.
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Sus Sombras
FantasíaCréditos por la portada Roberto Chavez Muchas veces me he preguntado "¿qué seria de mi vida si yo fuera normal?"
