Nunca nadie está preparado para el dolor de una perdida, nadie, y mucho menos yo. Estaba parada enfrente del espejo con mi vestido negro, mis ojos llorosos, mi cabello castaño amarrado en una cola. Mi nariz estaba roja por tanto llorar y estaba demasiado cansada para ponerme maquillaje. Tenía una imagen pésima. Era justo como me sentía. Perder a alguien a quien amas no es sencillo y mucho menos alguien por quien tu hubieras dado tu vida por la de ella. Lo peor de todo es que no tuve la oportunidad de poder pelear. No tuve la oportunidad de despedirme. Nuevas lágrimas salían de mis ojos. No era nada sencillo, el dolor me quemaba el pecho.
- Hola- dijo Catriel entrando por mi ventana.
-Hola- dije en respuesta. La noche en que sucedió la muerte de Maggy le pregunte quien había dejado la nota, pero no me quiso responder. Dijo que aún no estaba lista. ¿Lista para qué? ¿Tendría que esperar a que sucediera algo más para saber? No tenía sentido.
- Sé que te molesta no saber lo que le paso a Maggy, pero créeme que es mejor así- dijo Catriel tratando de acercase a mí, cuando lo hizo di un paso atrás.
- No- dije haciéndole entender que no lo quería cerca.- ¿Cómo es mejor no saber? ¡Tengo el derecho de saber!
- Solo necesito que te calmes para...
- ¡¿Qué me calme?!
- Me refería...
- No, se exactamente a qué te referías. ¡Mi amiga murió! La quería como a una hermana hubiera dado mi vida por ella. Ahora no digas que me calme- dije muy molesta sintiendo las lágrimas salir por mis ojos nuevamente.
- Lo siento tanto Alaya, de verdad, no sabes cuánto lo siento- dijo Catriel acercándose de nuevo, esta vez lo deje.
Me tomo por los hombros y me abrazo. Llore en sus brazos, me sentía segura, sabía que allí podía llorar. Catriel estaría conmigo siempre que lo necesitara, y por más que eso me diera mucho miedo, sabía que en el fondo yo quería lo mismo. Me abrazo y me dijo palabras de consuelo para que me calmara. Después de un rato levante mi vista y vi dolor en sus ojos, dolor porque yo sentía dolor. Fue un impulso, al menos eso creía. Lo bese, y él me beso de vuelta. El beso fue tierno y consolador nuestros labios encajaban a la perfección. No quería que nos separáramos nunca pero era hora de afrontar el mundo e ir al funeral de Maggy.
- Tenemos que ir al funeral- dije.
- Lo sé. Te veo allá- dijo y así como vino se fue.
Baje y vi a mi mamá esperándome en la sala. Me veía con tristeza, sabía que había perdido a alguien que en realidad quería. No me pregunto cómo estaba simplemente me abrazo muy fuerte y nos pusimos en marcha hacia el cementerio.
Caminaba por entre las lápidas, tantas personas que ya nunca podrían estar con su familia. En una que otra lápida se encontraba una persona llorando por la persona que había perdido. Cada persona ajena al mundo llorando para que esa persona que se fue regrese, aun sabiendo que nunca lo hará. Así me sentía, esperaba ver a Maggy a mi lado de nuevo. Hubiera querido hacer más con ella de lo que hice. Soledad, eso era lo que sentía, soledad por no estar con mi mejor amiga. Odio hacia quien fuere que la haya matado, me sentía como una inútil por no haber podido ayudarla.
Muchas personas estaban alrededor de la lápida de Maggy, sus padres, algunos profesores, alumnos, familiares, y luego estaba yo. Maggy era muy joven, no podía morir, no aun. Tenía que vivir su sueño, tenía que estudiar, tener una familia, tener todo lo que la gente desea. Todos dijeron palabras muy lindas acerca de Maggy, todos los profesores decían "Margaret Wade una gran hija y estudiante, fue una pena que muriera a tan temprana edad." Palabras no faltaban, ciertas o no eso es lo que pasa en un funeral. Por más que alguien te odiara vivo, muerto eras la reencarnación de la perfección. Esas eran puras patrañas. Llego mi turno de decir las palabras para Maggy.
Estaba para justo enfrente de todos los presentes. Sentía su mirada en mí. Estaba muy nerviosa, hablar en público nunca fue lo mío. Mi discurso enfrente del atril, el micrófono captando mí pesada respiración. Era mi turno de reconocer a mi amiga, una de las mejores personas que haya conocido.
- Margaret Anabel Wade Harrison nació en 1997 y murió a los diecisiete años en el 2014. Mejor conocida como Maggy. Hija, amiga, estudiante, hermana. Fue una de las mejores personas con quien te pudiste haber topado. Siempre tenía una sonrisa en el rostro y sobretodo, siempre buscaba ponerla en el tuyo. Era una persona fuerte, alguien en quien podías confiar, alguien a quien le importabas. Maggy fue un ejemplo de persona y su perdida es muy dura para quienes la amamos. Ella era una adolescente como la mayoría aquí presente, tenía sueños, tenía metas. Vivió cada día como si fuera el último. Se podría decir que disfruto su estancia con nosotros.- silenciosas lagrimas salían por mi ojos- Maggy- mi voz sonaba entrecortada- una adolescente que vivió y vive en nuestros corazones para siempre. Te extrañaremos Maggy. Te extrañare.- Termine mi discurso y como se acostumbra deje una rosa roja recostada encima de su lapida. Sentí que Catriel llegaba a mi lado y me abrazaba fuerte, llore en su pecho. La extrañaría siempre.
Poco a poco todos se fueron, incluso los padres y el hermano de Maggy. Yo seguía hincada justo enfrente de su lápida.
MARGARET ANABEL WADE HARRISON
1997-2014
"Siempre hay una luz aun cuando esta oscuro,
eso era Maggy, nuestra luz."
- Es hora de irnos cariño- dijo mi mama a mi espalda, no quería irme, no aun.
- Yo la llevare a casa Ana- dijo Catriel, no sabía que aún seguía aquí.
- Esta bien- dijo y se acercó a mí para darme un abrazo.
Mi mamá se fue, permanecí en silencio. Nethan se posiciono a mi derecha y Catriel a mi izquierda. Tome sus manos, necesitaba fuerza y ellos me la darían. Mi pecho comenzó a temblar y pequeños sollozos salían de mi boca. La quería de regreso. Pasaron segundos, minutos, horas, no lo sabía pero Nethan hablo sacándome de mi trance.
- Es hora de irnos- dijo.
- Lo sé- dije poniéndome de pie con la ayuda de Catriel. Di la última mirada hacia donde yacía mi amiga y me fui con Catriel abrazándome por los hombros. De una cosa estaba completamente segura, esto era simplemente el comienzo y eso me daba miedo.
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Sus Sombras
FantasiCréditos por la portada Roberto Chavez Muchas veces me he preguntado "¿qué seria de mi vida si yo fuera normal?"
