BUCKY
El silencio dolía.
No era un silencio vacío, sino uno espeso, cargado de zumbidos eléctricos y respiraciones ajenas. El tipo de silencio que precede al miedo. Logré despertar con un gemido bajo, la cabeza apoyada contra una superficie fría. La luz era blanca, impersonal, demasiado blanca. Intento mover los brazos, pero un chasquido metálico le recordó la realidad: estaba encadenado. Su brazo de vibranio estaba sujeto con un anillo magnético que le inmovilizaba el hombro, y el derecho con una gruesa correa de acero. Tardé unos segundos en entender dónde estaba. El olor a metal quemado, la humedad artificial, el zumbido constante de máquinas... todo le resultaba dolorosamente familiar.
Otra vez un laboratorio.
Otra vez una celda.
Tragó saliva, sintiendo el sabor metálico de la sangre en su boca. La descarga eléctrica había dejado su cuerpo temblando, como si aún ardiera por dentro. Por un momento, quiso creer que todo había sido un sueño. Que seguía en el puente, ayudando a la gente. Que Hanna estaba esperándolo con esa sonrisa tranquila que siempre lo salvaba del ruido del mundo.
Pero no.
No era un sueño.
Una cámara en la esquina lo observaba. La lente parpadea con un pequeño punto rojo que le recordaba un ojo mecánico. Bucky apartó la mirada, exhalando despacio. El aire olía a desinfectante y óxido. Intentó hablar, pero la garganta le dolía. Solo logró un gruñido ronco.
— ¿Dónde...? —susurró.
La respuesta llegó en forma de estática. Un altavoz crujió desde el techo, y una voz desconocida, grave, habló con calma medida:
—El Soldado del Invierno despierta. Qué ironía... siempre tan rápido para adaptarse, alce la cabeza, con mis ojos azules encendidos de rabia viendo al lente fijamente.
— No me llames así.— Una risa seca resonó por los altavoces.
— ¿Y cómo debería llamarte, entonces? ¿James? ¿Bucky? ¿El juguete que escapó del control?— El eco se apagó, apreté los dientes, forzando su respiración para mantenerse consciente. Quería recordar cómo había llegado allí, pero las imágenes eran confusas: el puente, el humo, los gritos, los drones... y luego la electricidad.
Y antes de perder la conciencia, una sola idea: Hanna.
El recuerdo de mi esposa y su último grito me atravesó. Vi su rostro con claridad, esos ojos color tempestad, la luz de su magia danzando en su piel, la forma en que lo miraba como si yo fuera lo único importante en el mundo, esa mirada que muchas veces me había hecho creer que podía ser libre, me punzaba el pecho pensar en lo sola que estaría, en lo destruida que se encontraría, una nueva preocupación viene a mi mente nuestro bebé, No otra vez, no, pensé, no podía estar encerrado aquí y mi esposa allá afuera sola y embarazada.
Cerré los ojos, respirando despacio. Pero el silencio no me acompañó. En mi cabeza comenzaron a escucharse voces, ecos del pasado, las palabras rusas que tanto me hacían estremecer y me generaban pesadillas por las noches.
"Желание — подчинение — миссия..."
(Deseo — obediencia — misión.)
— No... —murmuro, intentando ahogar los recuerdos—. Ya no, no soy ese, ella me curó.
Mis músculos se tensaron, y el anillo magnético del brazo vibró como si respondiera a mi rabia, no obstante una descarga automática me hizo convulsionar una vez más, el dolor me devolvió a la realidad.
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Señora Barnes
FanfictionLa historia de cómo pase de ser una simple midgardiana a ser heredera del trono de Asgard y estar casada con el "temido" ex soldado del invierno.
