Capítulo 31 - Calma

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BUCKY

Nunca imaginé que la paz pudiera tener sonido, pero la tenía. El zumbido bajo de los sistemas en la base, las risas lejanas de Wanda y Pietro, el sonido de Hanna tarareando una melodía antigua mientras revisaba informes que probablemente no debía tocar, ese era el nuevo ruido de mi vida, un ruido que no dolía.

Al principio, los días fueron raros.
Yo me despertaba sobresaltado, todavía esperando que mis manos realmente no hayan acabado con ella, y ella... bueno, ella despertaba con náuseas.
Pero lo hacía con una dignidad casi cómica: se levantaba, murmuraba un conjuro para calmar el mareo y volvía a la cama fingiendo que nada pasaba, yo no podía evitar soltar una pequeña risa cuando la veía, obviamente, ella me fulminaba con la mirada para luego irse a dormir de nuevo.

La primera vez que intenté ayudar, termine derramando medio vaso de agua encantada sobre el suelo metálico del cuarto. Ella se rió, y ese sonido, suave y real, fue suficiente para recordarme que todavía sabía cómo vivir.

Durante las semanas siguientes, todo empezó a encontrar un nuevo ritmo.
Ella insistía en que quería seguir entrenando, aunque Steve y yo nos turnábamos para asegurarnos de que no hiciera demasiado esfuerzo. Wanda le enseñaba ejercicios de respiración y, entre una cosa y otra, la sala de entrenamiento empezó a oler a té, a lavanda, a vainilla, y a hogar.

A veces la veía sentada en el suelo, hablando con su vientre como si pudiera oírla, y quizás sí podía. A veces, cuando me acercaba, el aire a su alrededor se sentía distinto, más liviano, más lleno. Una tarde, mientras revisaba el informe de una misión, la escuché reír en la cocina improvisada del ala oeste, fui a mirar, Pietro sostenía una caja de donas, Wanda intentaba evitar que las encantara, y Hanna... Hanna tenía las mejillas encendidas.

— No es lo que parece — me dijo en cuanto me vio, levanté una ceja. — ¿Ah, no?

— No, solo tengo... antojos.— Pietro la miró divertido. 

— Antojos de rosquillas con mostaza, Barnes, deberías probarlo.

Casi respondí, pero Hanna me lanzó esa mirada entre traviesa y dulce que podía desarmar a cualquier soldado. Así que me acerqué, tomé una dona, la probé con la mostaza... y fue peor de lo que imaginé, ella soltó una carcajada. Y, sin quererlo, terminé riendo también.

Era ridículo, sí. Pero era vida, y yo ya no daba eso por sentado. Las noches eran otra historia. A veces, cuando el sueño no venía, me quedaba observando su respiración tranquila. Su cabello extendido sobre la almohada, las runas que su madre había dibujado en su muñeca brillando suavemente. Era en esos momentos cuando sentía la gravedad de lo que estábamos construyendo: algo real, frágil, pero nuestro. Nuestros días eran variados, unos aqui en la tierra y otros en Asgard junto a su familia, seguía tratando de lidiar con la vergüenza de las atrocidades que había hecho el soldado.  

Un día, mientras ella dormía, me atreví a hablarle a nuestro pequeño bebé que crecía dentro, aun no sabíamos que era si un niño o una niña, pero eso no importaba, no sabía si era correcto, pero lo hice igual.

— Hey, corazón pequeñito... —susurré apoyando la mano sobre su vientre. — no sé qué tan buen padre voy a ser, pero prometo intentarlo, prometo que nunca tendrás que ver el mundo como yo lo vi.—  Hanna abrió los ojos, aún medio dormida y me sonrió con ternura.

— Ya lo estás haciendo bien, mi amor — dijo y sus dedos buscaron los míos — estás aprendiendo a amar sin miedo, eso es suficiente amor.— la envolví entre mis brazos, no sé en qué momento me convertí en alguien que podía llorar con una frase así.

Pero no me importó, los días siguieron pasando. Ella empezó a moverse más lento, pero su fuerza seguía siendo la misma. Yo la acompañaba a todas partes, incluso cuando fingía que no necesitaba escolta, Steve decía que me había vuelto "un guardián doméstico con complejo de sombra", sus bromas eran algo raras, pero luego de tanto me había acostumbrado, y luego de mucho tambien me rei, por primera vez en mucho tiempo, esa risa no me dolía.

Señora BarnesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora