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Kevin 

La habitación es fría, como a mí me gusta.
El aire huele a metal limpio y a control, en este lugar nada respira sin que yo lo permita; incluso las máquinas esperan mis órdenes. La luz blanca cae sobre el cuerpo inerte del soldado que trajeron esta mañana. Su piel brilla con ese tono grisáceo de quienes se resisten a morir. Tiene fuerza, lo admito. Tal vez por eso ella lo eligió.

Ella... Hanna, incluso pensar su nombre me altera el pulso.

Hace años que intento olvidar el sonido de su voz, pero la memoria es una enfermedad caprichosa. Puedo escucharla todavía, llamándome por mi nombre, pidiéndome que la deje en paz, llorando a mi pies suplicando que la suelte. No entiende que lo hice todo por ella, ella era mia, solo mia.

A veces me convenzo de que me odia solo porque aún no comprende, la grandeza siempre asusta al principio, la criaron en las sombras, ella era mía, pero apareció ese par de extraterrestres y me la quitaron. 
Yo fui quien la enseñó a mirar el poder, yo le enseñe a que me temiera para poder controlarla, porque ella era mía, yo fui quien la hizo entender que la compasión puede ser una debilidad.

Por eso sé que volverá, porque nadie la conoce mejor que yo.

El soldado se mueve en la camilla, un espasmo breve. Lo observo con interés. Tiene ese aire de redención que tanto fascina a las almas ingenuas, la forma en que intenta luchar contra su pasado, como si el barro pudiera lavarse con lágrimas, Hanna siempre tuvo debilidad por los rotos, la cólera me esclaviza cada que recuerdo las fotos de estos dos juntos, abrazados, besándose, ella era mía, es mía, él solo estorba. 

Le acaricio el rostro con la mirada, no con las manos. No necesito tocarlo; ya lo estoy moldeando. Él será la llave, el puente que me llevará de nuevo a ella, él me la traerá de nuevo.

Dicen que los humanos aman con el corazón, qué mentira. El amor nace en la mente, donde germina la obsesión y florece la necesidad, yo la necesito, necesito ver esa chispa que solo existe cuando me desafía.

Mi asistente me informa que la sincronización neural está casi completa. Asiento sin mirarlo.
— Que no muera —digo. — Todavía no. — el otro obedece, lo hacen todos, la obediencia es un idioma que domino bastante bien y ella lo sabe mejor que nadie.

Me acerco un paso más, lo observo otra vez. Bucky Barnes, el Soldado del Invierno, qué ironía que un experimento sea ahora mi instrumento.

Podría destruirlo de inmediato, pero no quiero su muerte, quiero su rendición, cuando ella lo vea quebrarse, entenderá lo inevitable, entenderá que es la siguiente y correrá a mis brazos. 
No hay amor más puro que el que se entrega a pesar del miedo, y yo sé que ella todavía siente algo por mí., lo leí en su mirada la última vez que nos vimos, antes de que huyera y el estúpido de su hermano me apuñalara.

Las luces parpadean, en las pantallas, las ondas cerebrales del soldado se agitan. Su mente resiste la programación, y eso me intriga.

—Curioso —murmuro. — Parece que su voluntad se alimenta de ella incluso desde la distancia.

Miro el monitor, donde aparece su nombre, su imagen, tomada de archivos antiguos, su rostro, esa expresión serena que siempre fingía calma mientras temblaba por dentro, sigue siendo hermosa incluso en los recuerdos. Un asistente me pregunta si debo borrar esa interferencia emocional, no puedo evitar sonreír antes de responder. 

— No —respondo. — Déjala, será útil.

Cada pensamiento que tenga de ella lo atara más fuerte.
Cada intento de resistirse lo llevará, sin saberlo, de vuelta a mí. Dentro de poco sabrá que lo vigilo y ella también. Porque la oscuridad siempre reclama lo que la luz descuida.

No la odio., nunca podría, pero si me volvió loco saber que se caso con este imbécil, no me importa ahora si el mundo tiene que arder para que ella entienda que me pertenece, entonces arderá. Y cuando venga, porque vendrá, la conozco,la recibiré como antes con las manos abiertas, con la promesa de un futuro que solo yo puedo darle.

Por ahora, espero con calma y entusiasmo, escucho el tic-tac de las máquinas, el susurro del poder acumulándose en los cables. Mi sonrisa crece cada vez más, no veo la hora en la que ella volverá a mí arrastrándose, mi mujer. 

Muy pronto, Hanna recordará lo que olvidó, que el amor, cuando es verdadero, nunca muere...
solo cambia de forma y yo soy su verdadero amor, no el estúpido soldado que fue nuestro ratón de laboratorio por mucho tiempo.

 solo cambia de forma y yo soy su verdadero amor, no el estúpido soldado que fue nuestro ratón de laboratorio por mucho tiempo

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Señora BarnesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora