Capítulo 29 - Estoy listo

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El aire en la base se siente distinto hoy, no sé si es la electricidad acumulada antes de una tormenta o el presentimiento de que algo está a punto de romperse. Camino por el corredor principal y puedo oír las botas del equipo detrás de mí, sincronizadas, decididas, Sam, Steve, Natasha, Thor, Loki, Hela, y algunos agentes más junto a la cuadrilla de guerreros Asgardianos, todos listos, todos pendientes de mis pasos.

Pero no es su mirada la que me pesa, ninguna de la de ellos, sino la suya, la de Bucky.
Puedo sentirla aunque no esté aquí, esa presencia silenciosa que se aferra a mí, incluso desde la oscuridad.

Cierro los ojos un momento, la mente es un campo vasto, y la nuestra se ha vuelto un mapa invisible. Si respiro hondo, si concentro mi poder justo en el centro de mi pecho, puedo sentir su alma vibrando, una frecuencia conocida, el pulso de alguien que lucha por no olvidar quién es.

— Hanna — dice Sam, interrumpiendo mis pensamientos. — Las coordenadas que enviaste coinciden con el sector norte del complejo enemigo.
— Allí lo tienen Sam —respondo soltando un ligero suspiro— Lo sé.—  Thor se adelanta, su martillo resplandeciendo con un leve eco eléctrico mientras lo agita con suavidad.

— ¿Y Kevin? ¿Crees que te está esperando? Le quiero romper la cara.— dice mi hermano mayor.

— No lo creo, es un maldito cobarde, no estará. — respondo frotando mi mano contra mi frente.
— Eso mismo pensé, con Sam y Nat hablamos que lo mejor seria que tu no fueras con los demás, será más seguro dividirnos.— menciona Steve y yo enarco una ceja en su dirección. 
— ¿Que tienes en mente Steve? —  Mis manos tiemblan un poco, no de miedo, sino de energía contenida, desde Asgard, mi poder no ha dejado de crecer. A veces siento que el universo mismo me escucha respirar.

— Sam, tu y yo iremos en un auto blindado por la autopista, mientras que el resto en avioneta porque algo me dice que ese imbécil tratara de capturarte. 

— Tranquilo Steve, ya no soy la simple humana que el torturo cuando ella era joven.— menciono resoplando pero termino por aceptar la idea que él sugiere. 

Y, sin embargo ya no soy una simple humana, soy una diosa que también sigue siendo una mujer que ama, que teme, que tiembla por alguien que no puede tocar.

Subimos cada uno al transporte que le corresponde tras una breve despedida en silencio, el sonido del motor me arrulla, pero mi mente está lejos, buscándolo, allí está él, encadenado, con los ojos cerrados, los pensamientos confusos, puedo oírlo, fragmentos, palabras rotas.

"Resiste... no... no soy... eso..."

Mi corazón se encoge de solo recordar los mantras que a cada rato decía mi esposo para él mismo, intento alcanzarlo, como un susurro a través del viento.

Bucky escúchame soy yo, no estas solo, vamos por ti. 

Una chispa responde, una sensación cálida, un destello entre la oscuridad. Por un segundo, todo el ruido del mundo desaparece, y solo existimos nosotros dos: dos almas intentando tocarse a través de la distancia, siento su olor y su perfume de nuevo, hasta que algo la interrumpe, una interferencia, una voz que no es la suya.

— ¿Otra vez tú, preciosa? Debemos dejar de frecuentarnos así... — susurra Arden dentro de mi cabeza, con esa calma venenosa.
— No me llames así —le respondo mentalmente. — Ese apodo no te pertenece.
— Pero si yo siempre te lo decía... — dice, casi con ternura. — Siempre olvidas que tu poder despertó por mí...
— Mi poder siempre estuvo conmigo, solo que no lo sabíamos.

El silencio inundó mi cabeza, luego, una risa, su risa, no de alegría, sino de arrogancia.
— ¿Y el hijo que esperas? ¿También vas a decir que no lleva nada de mí? — mi cuerpo se tensa, meneo la cabeza tratando de romper la conexión.

Señora BarnesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora