Trentatré.

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El grupo de gente que había pasado la última hora de rodillas frente a la comisaría parecía realmente no ser de los Verdes, si algo define a esa banda de mierda, es que tienen más orgullo que poder.

La ciudad había sido puesta en alerta roja, cualquier persona que se encontrara en las calles podría ser detenido y cacheado sin un motivo más específico que el estar en las calles.

Conway, por fin, decidió ordenar que esposaran y procesaran a los criminales con todos los cargos legalmente posibles, listos para ser llevados a la federal.

-¿Estás bien?- Me preguntó Conway con un tono que sonó seco, pero con un matiz apenas perceptible de preocupación.

-Yo sí.- Asentí mirando a mis compañeros que llevaban esposados a los Verdes. -¿De verdad creemos que son de los mocos?- Pregunté casi con burla, por lo absurdo que parecía imaginar a los Verdes tan sumisos.

Vi a Conway examinar el caos con la mirada antes de negar con la cabeza.
-Ni de coña.- Aseguró antes de pasarse las manos por la cara con evidente frustración. -Los Verdes son de todo menos unos cagones, que sean un par vale, pero todos, es un puto chiste de mal gusto.-

Sus ojos encontraron mi postura defensiva y por un momento lo vi vacilar.
-Que puto susto, coño.- Susurró en un tono tan bajo que apenas pude distinguir las palabras.

Sus brazos me rodearon tan repentinamente que por un instante no supe que hacer.

-No hagas eso.- Dije separándolo de mi y dando un par de pasos atrás.

-¿Me perdonarás algún día?- Preguntó con voz baja.

-Nunca.- Aseguré y caminé hacia el interior de la comisaría.

Conway se quedó parado en el mismo lugar, solo viéndome entrar a la comisaría.

La sala de procesamiento estaba completamente llena, al igual que las salas de interrogatorio, pasé de largo hasta la sala donde había dejado a Tom. Abrí la puerta casi con resignación y observé el lugar con la mirada. No estaba ahí.

Caminé para revisar las otras puertas aledañas, pero tampoco estaba, busqué en las salas de la planta baja, en las de interrogatorio, en las celdas, en la sala de procesamiento, pero, mierda, no estaba.

Mis pies corrieron escaleras arriba, abriendo cada puerta de la comisaría para encontrarlo, pero-no-estaba.

Saqué mi móvil y marqué su número, la llamada ni siquiera entraba, mandaba directamente al buzón.

-¡Volkov!- Llamé al hombre que estaba entrando a comisaría. -¿Y Tom?- Le pregunté caminando hacia él.

-¿Tom?- Su tono fue tan ignorante que casi me frustró más.

-Si, Tom, el tipo con el que estaba patrullando.- Expliqué rápidamente.

-Sé quien es Tom. Pero no sé dónde está, salí detrás de ti.- Me dijo y vi sus ojos viajar a mi mano, donde mis dedos apretaban tanto el teléfono que parecía que lo haría añicos ahí mismo.

-¿Y Gustabo?- Le pregunté una vez más.

-No lo sé, te lo dije, salí detrás de ti y apenas voy entrando de nuevo, no he visto a ninguno de los dos.-

-¿Alguien me habló? Me pareció escuchar mi nombre.- La voz de Gustabo sonó detrás de mi. Mi cuerpo se giró para encontrarlo muy... ¿Contento?

-Gustabo. ¿Has visto a Tom?- Le pregunté y su expresión pareció endurecerse por un instante, antes de intentar volver a su estado original.

-Salió detrás de ustedes, como dos minutos después de ustedes.- Reafirmó encogiéndose de hombros.

-¿Estás seguro? No lo vi salir.- Murmuré sintiendo un nudo en el estómago.

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⏰ Última actualización: 4 hours ago ⏰

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