Las cosas están muy claras a pesar de que contradictoriamente resultan demasiado incongruentes. Ese ataque iba dirigido a él, quieren la cabeza de Armen. Es lógico. Armen es el gobernante, es el líder y si lo derrotan podrán hacer caer su régimen. ¡Dios mío! Pen siempre lo decía. «Córtale la cabeza a la serpiente y lograrás destruirla». Ese siempre fue su lema. ¡No hay duda, es él!
―Así que debemos aumentar tu seguridad ―declara Uriel con expresión autoritaria. Miro a Armen llena de pánico, no quiero que le ocurra nada. Él mantiene la mirada fija en Uriel y Rafael, que permanecen del otro lado de la mesita de centro, con rostros inescrutables. Sin embargo, siento como su mano reafirma su agarre sobre la mía, intentando reconfortarme.
―No ―contesta manteniendo la serenidad de su rostro―. Lo que debemos hacer es proteger a los humanos. Ellos también corren peligro...
―Ellos no necesitan nuestra ayuda ―protesta Rafael con desprecio―. Lo dejaron muy claro anoche, están con esos malditos. ―Me trago el nudo que se forma en mi garganta. Su voz destila odio y su expresión resulta demasiado agresiva.
―Violeta lo estaba ―aclara Anisa. Cosa que me toma por sorpresa. ¿Nos intenta defender? No me lo puedo creer. Rafael niega, pero ella continúa antes de que él pueda decir algo―. No sabemos si el resto de ellos también lo están, eso es algo que no podemos dar por sentado. ―Suspiro y bajo la mirada hacia mi mano, cubierta por la de Armen. Ojala Anisa tuviera razón, pero yo sé que no es así.
En otras circunstancias hubiera callado para mantenerlos a salvo, pero se trata de la vida de Armen y no puedo permitirlo. La idea de que le ocurra algo es demasiado terrible.
―Había humanos dentro del muro anoche. ―De nuevo todas las miradas se concentran sobre mí, haciendo que me remueva incómoda sobre mi asiento. Justo ahora estoy admitiendo una posibilidad que me he negado a aceptar todo este tiempo. Los humanos han hecho una alianza con los impuros. Es prácticamente un hecho, aunque no me guste.
―¿Más humanos? ―cuestiona Anisa con la mandíbula tensa, volcando toda su atención a mí. Asiento despacio sin apartar la mirada de sus intensos ojos.
―¿Donantes? ―inquiere Rafael escrutando mi rostro. Niego y dirijo mis ojos a los de Armen, quien mantiene una expresión serena. Él no parece exigir que hable, más bien espera con tranquilidad, lo que me infunde valor.
―No. Creo que ellos entraron con los impuros. ―Recuerdo perfectamente sus palabras, eso es más que evidente. La tensión aumenta y casi se puede cortar. Todos mantienen una postura rígida y me observan sin parpadear. Esperan que continúe, así que tomo aire y explico lo que vi―. Cuando fui a buscar a la guardia a la sala de entrenamientos, no había nadie y cuando estaba a punto de salir, los escuché.
―¿Los viste? ―Miro a Uriel y sacudo la cabeza.
―Las luces estaban apagadas y por impulso me oculté creyendo que eran impuros ―admito incómoda. «¡Vaya chica valiente soy!».
―¿Qué estaban haciendo? ―prosigue Uriel.
―No lo sé ―confieso avergonzada por no haber prestado más atención, pero rememoro sus palabras―. Creo que buscaban algo.
―Armas ―gruñe poniéndose de pie acercándose a la ventana. Parece molesto, su ceño está fruncido y mira a la nada con expresión pensativa―. Se llevaron armas.
―Esto no tiene sentido ―murmura Anisa―. Ni siquiera saben cómo usarlas. ―En cuanto pronuncia esas palabras me atraviesa con la mirada. ¡Maldición! Soy la única a la que han entrenado.
―Hoy mientras registraban el edificio, notamos que varias desaparecieron ―interrumpe Uriel como si no la hubiera escuchado―. No son una gran cantidad, pero es evidente que era su objetivo. ―¡Armas! ¡Que no sea lo que estoy pensando, por favor!
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La donante (#1 ) *Resubida*
VampireLibro 1 de la Saga La Donante. En unas semanas iniciare a publicar los capítulos. ¡Atentos! Un mundo donde la sociedad esta formada por humanos y vampiros... Una chica dispuesta a todo por salvar a su familia, un misterioso vampiro y una conexión...
