Capítulo 3

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Tras la cena, me dirijo fuera de la casa. No puedo mirar a mi madre y fingir que nada pasa, necesito pensar y también decirle a mi padre. Me siento junto a la cerca, observando las luces de la ciudad, que después de lo sucedido parecen más vivas, lógicamente todo el mundo se mantiene alerta. Somos nosotros mismos quienes debemos velar por nuestras familias, la guardia solo se encargó de los cuerpos, hizo un par de recorridos por los límites de la ciudad y volvió a desaparecer.

―No puedo creer que los guardias no estuvieran allí ―escucho decir a mi padre, sentado a mi lado. Mi madre le ha contado lo que vimos esta tarde, omitiendo para bien o para mal nuestra pequeña discusión―. Aunque no debería sorprenderme, hace mucho que se olvidaron de nosotros. Son unos malditos. Solo se preocupan por ellos.

Lo contemplo con curiosidad. Él nunca se ha contenido a la hora de expresar su disgusto por ellos, más que eso, es como si tuviera grandes motivos para odiarlos y para asegurarse de que nos mantenemos alejados. Cuando le hablé hace un par de años de la oferta del padre de Lina, se opuso rotundamente, argumentando que estaría expuesta a ellos y no me habría permitido aceptar si no hubiera sido por la intersección de mi madre. ¿Qué diría sobre mis planes? El odio es algo que nos ha inculcado desde que tengo uso de razón. Temo decirle la situación de mi madre, pero necesito contar con alguien.

―¿Qué pasa, hija? ―pregunta tocando mi hombro―. Has estado muy callada y tu madre no dejo de mirarte durante la cena.

Guardo silencio un instante, buscando las palabras correctas.

―Hay algo que no te he contado.

Inquieto se vuelve hacia mí, no dudando en tomar mi mano.

―Me lo imaginé. ¿Qué sucede? ¿Qué dijo el médico? ―Trago saliva, luchando contra el nudo que bloquea mi garganta. Puedo mantenerme fuerte delante de todos, pero no con él, que siempre ha sido mi confidente, que siempre parece entenderme.

―Lo tiene ―digo con un hilo de voz, pero lo suficiente alto para que me escuche.

Se ha quedado inmóvil, completamente rígido y veo el miedo en sus ojos, con una mezcla de profundo odio.

―¿Estás completamente segura?

―Eso temo. El médico aseguró que haría más pruebas, pero... prácticamente me pidió prepararnos y buscar algún tipo de ayuda.

―Debemos... esperar... ―balbucea inquieto, negándose a la posibilidad.

―Papá. ―Le miro seriamente―. No podemos perder el tiempo, si queremos salvarla, tiene que tomar un tratamiento.

Eso parece derrotarlo aún más.

―No tenemos créditos. ―Me duele ver tanta impotencia en su rostro, así como la vergüenza.

―Escúchame... ―pido manteniendo la calma, queriendo darle una esperanza―. Hallaremos una forma de poder pagarlo. No podemos darnos por vencidos, ella no lo hace. Nos necesita, debemos ser fuertes.

―Tienes razón ―murmura frotándose el rostro―. Lo haremos. Salvaremos a tu madre.

―Lo haremos ―confirmo, optando por no hacerle saber mis planes. Lo amo, igual que a mi madre y en este momento tengo que callar para salvarlos a ambos.


A pesar de ser mala mintiendo y de odiarlo, creo que comienza a convertirse en mi nuevo hábito, uno que posiblemente utilizaré bastante en los próximos meses. Tendré que buscar una manera de explicar los pinchazos en mis brazos, aunque claro, eso es mil veces mejor que las heridas en mi cuello. Anoche tuve una horrible pesadilla. De nuevo esos intensos ojos carmín, se encontraban suspendidos sobre mi cama, susurrando mi nombre y mostrando unos enormes colmillos, para después morder mi cuello, desgarrando mi piel, como si fuera cualquier pedazo de tela. Sé que esa no es la forma en que lo hacen, Lina lo dijo, pero creo que he escuchado demasiados rumores al respecto y eso me predispone.

La donante (#1 ) *Resubida*Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora