Capítulo 29

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Puedo entender su odio, yo también los aborrecí durante años, pero que me haya engañado y mantenido drogada dos días y que no haya tenido el valor para decirme las cosas a la cara cuando se lo pregunté, eso no se lo voy a perdonar nunca. Creí por un momento que podría confiar en él, que seguía siendo el mismo, que aún había algo de cariño entre nosotros. Sin embargo, parece que me he equivocado. ¿Está molesto conmigo? ¿Cree que lo traicionaré? Pen no lo comprende. Él no lo sabe y por ende debo darle el beneficio de la duda, no obstante, su comportamiento no se justifica. Incluso usó a mi familia, desearía poder llevármelos, pero no puedo, no ahora y cuento con que no los lastimará. Espero no equivocarme en eso también.

―¿Estás lista? ―pregunta Mai mirándome inquieta.

Hemos salido por la parte trasera de la casa, puesto que Ivette aún nos vigila, y regresamos a la casa de Pen, donde en una de las habitaciones encontramos mi espada. He tomado ropa de Pen, salir con un vestido y sandalias no es buena idea, recojo mi cabello, intentando parecer un chico. Mi hermana me ha conseguido un par de botas, me quedan un poco grandes, pero no puedo quejarme. No es momento de titubear. Estamos ocultas detrás de una casa. Solo hay una entrada a la ciudad y está custodiada evidentemente, todos los días al medio día, un carro con suministros ingresa, así que es la oportunidad para salir.

―Sí ―asiento.

―Por favor, cuídate, Gema ―dice con nerviosismo―. Debes darte prisa y llegar antes del anochecer.

―Lo haré ―contesto con una ligera sonrisa, tomando su mano―. Prometo que regresaré por vosotros. ―Da un pequeño apretón en señal de afirmación―. Te quiero, Mai ―Sonríe.

Mi hermana ha madurado mucho en estos meses, aunque tengo que reconocer que ella siempre fue bastante despabilada para su corta edad. En realidad, las circunstancias te obligan a madurar, no hay tiempo para juegos ni sueños.

Lo que me hace de nuevo pensar en Pen y en la vida tan difícil que tuvo que asumir después de la muerte de sus padres. Aun así, no puedo permitir que lastime a Armen. Él no es como el resto, ni tampoco Irina, Uriel, Anisa... ¿Qué habrá pasado con ellos? ¿Por qué ha terminado en su poder el muro? ¿Anisa no intentó evitarlo? Me cuesta creerlo.

―Suerte ―susurra sacándome de mis pensamientos. Suelta mi mano y se adelanta, para poner en marcha su plan.

―¡Una serpiente! ¡Una serpiente! ―Sus gritos provocan revuelo entre los pequeños que se encuentran en la calle, quienes comienzan a correr y a gritar a todo pulmón, captando la atención de los guardias. Quienes rápidamente se acercan para investigar que ocurre. Aprovecho para moverme entre los curiosos, hasta llegar a la entrada, donde la carreta se dispone a ingresar. ¡Perfecto!

Corro y ahora que nadie presta atención, me escabullo por uno de los costados del carruaje y cruzo la puerta. La vista del exterior me impacta un instante. «¿Qué lugar es este?». Las voces de los guardias me regresan a la realidad. «¡Tengo que irme!». Corro alejándome de la entrada a toda prisa. Consigo llegar a unos pequeños matorrales y vuelvo la mirada. Dos guardias han ocupado de nuevo su puesto en la puerta. ¡Rayos!

Tal como lo dijo Mai, el lugar se encuentra en medio de la nada. En una zona desierta. Hay una brecha que conduce hasta la puerta, pero a los costados no hay más que pequeños y escasos matorrales que no tienen ni un metro de altura. Un lugar perfecto. Al no haber vegetación pueden ver todo lo que se aproxime a la ciudad. Impresionante. Miro al frente, donde a unos diez metros de donde estoy comienza la zona boscosa. La cual debo atravesar para poder llegar a Jericó.

«Debes tener cuidado, el bosque es peligroso, hay animales y algunos repudiados. Mantente lo más alejada posible de la montaña, en lo más alto al otro lado se cree que tienen sus asentamientos los impuros».

La donante (#1 ) *Resubida*Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora