No importa que Alain nos vea, o que el resto de los vampiros sean testigos. Lo abrazo con todas mis fuerzas, como si fuera posible fundirme con él y jamás volver a apartarme de su lado. ¡Dios! ¡Armen, mi Armen, mi vampiro!
Tengo tantos sentimientos encontrados en este momento. Estoy feliz de verlo, de poder tocarlo, de sentir sus manos rodeando mi cintura y de escuchar su voz. Creí que esto sería imposible. Pero al mismo tiempo, las condiciones en las que se encuentra me hacen sentir triste, molesta y sobre todo culpable. No debí irme, nunca debí dejarlo. Soy una tonta, tenía que haber imaginado que Pen estaba planeando algo, que no cedería tan fácilmente. ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! Y no pude evitarlo. Ni siquiera puedo imaginar lo que ha tenido que pasar, por mi culpa.
No puedo creer que el vampiro autoritario e intimidante que conocí hace meses, ahora esté aquí, en una fría celda, encadenado de pies y manos con aspecto deplorable. Siento tanta impotencia. Él no debería estar pasando por esto. No lo merece.
―¿Qué fue lo que ocurrió? ―susurro entre sollozos. Suspira y tomándome de los hombros me aparta con suavidad. Me mira, sosteniendo mi rostro entre sus manos. El movimiento hace sonar el metal de los grilletes, no puedo evitar una mueca de disgusto. ¿Por qué lo han tratado de esta manera? Es inhumano, cruel. Realmente me cuestiono quienes son los verdaderos monstruos en estos momentos.
Sin embargo, no logro comprender que ha pasado. ¿Cómo es que los humanos los han derrotado? ¿Qué pasó con la guardia? ¿Con Anisa? Aun sin ellos, Armen es fuerte, podría liberarse y salir de aquí, podría hacerles frente. ¿Por qué no lo ha hecho? ¿Acaso sigue intentando encontrar una solución para poder convivir? Tristemente, tengo que admitir que no creo que eso sea posible. No después de la actitud que los humanos han adoptado. Eso me duele, pues Armen lo deseaba de verdad.
―Estás herida ―dice acariciando la venda que llevo en la frente. Niego soltando una risa angustiada. ¿Cómo puede preocuparle eso? ¿Cómo puede pensar en mí en estos momentos? Comparado con sus heridas, no es nada. ¡Está mal! Le golpearon lo suficientemente fuerte para que sus heridas aun no hayan sanado por completo. ¡Despiadados!
―No más que tú ―respondo sorbiéndome la nariz e intentando sonreír, pero solo consigo ponerme a llorar de nuevo. No puedo con esto, no me gusta verle así.
―¿Qué te ocurrió? ―pregunta observándome fijamente, mientras una sombra de inquietud cruza su rostro. Niego sin encontrar mi voz, que esta ahogada por el llanto―. ¿Peleaste? ―Me paralizo ante su pregunta. ¿Se ha percatado? Seguramente tengo el olor de los impuros y él lo ha notado.
―¿Acaso no te dije que no fueras por ahí asesinando impuros? ―Me giro de golpe al reconocer su voz. ¡Uriel!
¡No lo puedo creer! ¡Es él! Se encuentra dentro de la celda de al lado, parece tan mal como Armen, pero al menos está vivo y eso es un alivio.
―Yo también te dije que te cuidaras.
¡Irina! Está sentada junto a Uriel. ¿Qué les ha pasado? Todos tienen muy mal aspecto. Los han lastimado demasiado. Las lágrimas no dejan de brotar al imaginarlo. Lucho por limpiarlas, pero es inútil. Esto es mi culpa.
―Lo siento ―murmuro sin saber exactamente porque me disculpo. Si por haberlos abandonado, porque han sido los de mi especie quienes los han lastimado o por llorar como una cobarde.
―Debemos irnos, Gema ―anuncia Alain, quien me mira incómodo. ¿Irme? No quiero, no quiero irme. Niego acurrucándome en el pecho de Armen.
―Estoy bien ―murmura intentando sonar tranquilo, mientras acaricia mi espalda―. Debes irte.
ESTÁS LEYENDO
La donante (#1 ) *Resubida*
VampireLibro 1 de la Saga La Donante. En unas semanas iniciare a publicar los capítulos. ¡Atentos! Un mundo donde la sociedad esta formada por humanos y vampiros... Una chica dispuesta a todo por salvar a su familia, un misterioso vampiro y una conexión...
