Daniel.
-Yo confieso que...-piensa su respuesta- que nunca he matado un bicho-sonríe orgullosa-.
-Oh, vamos, ¿ni una mosca?-elevo una ceja y como patatas-.
-Ni una hormiga-sonríe de nuevo-.
Esta chica es un cielo, nunca haría daño a nadie, cree en la ley de recibir lo que das, pero no le ha funcionado mucho.
-Nadie se merece ser aplastado, ni metafóricamente ni en realidad-bebe de su vaso de agua-.
Sonrío satisfecho, es increíble.
-Karina-miro mi reloj- ¿sabes que quedan unos diez minutos para que terminen las clases?-río y entreabre la boca asombrada-.
-Yo sabía que no íbamos a jugar solo dos veces-ríe vergonzosa, con un tono de pillería en sus palabras-.
-Sí, ahora eres bruja del tarot y todo-me levanto del sofá- ¿qué quieres de comer?-voy a la cocina-.
-Lo que haya en mi casa-ríe y va dirección a la puerta del jardín, pero la detengo-.
-Va a ser que no, puedes quemar la casa-le doy media vuelta y la mando al sofá de nuevo-.
-Oh-ríe- si quieres que me quede dímelo-dice como una chula-.
-Egocéntrica-río y voy de nuevo a la cocina, esta vez, al frigorífico-.
-Realista-me corrige y se sienta en el sofá- ya son las dos-me mira-.
-Vale-abro el frigorífico, saco pasta con variantes, la pongo en dos platos y de repente escucho el timbre, a lo que miro a Karina-.
-Abre tú, es tu casa-ríe-.
Ruedo los ojos y voy a la puerta, cuando abro me encuentro a mis compañeros frente a mí, y nada más verme pasan sin pedirme permiso.
Me doy la vuelta a lo niña del exorcista lo más rápido que puedo y veo a mis amigos mirando a Karina y señalándola.
-Martínez, se te ha colado en tu casa la-piensa el adjetivo perfecto- la mendiga esta-ríen todos menos ella y yo-.
Miro a Karina que me mira suplicante.
-Ya se iba, es que-trago saliva- ha entrado por el jardín y quería-me quedo pensativo- ¿a qué has venido, niña?-digo seco y la última palabra se me clava en el alma, ¿cómo le estoy haciendo esto?-.
-Daniel no seas flojo-dice mi compañero Ángel- anda échala-la agarra de la camiseta haciendo que se levante y la tira en mi dirección, ella tropieza y cae en mis pies-.
No, no hagas nada, te vas a arrepentir-me advierte mi conciencia-.
Respiro hondo, miro a mis compañeros y cojo a Karina de los brazos, y ella para no oponer resistencia, se levanta.
Cuándo voy a dejarla casi en la puerta del jardín alguien me interrumpe.
-Dani-me giro para mirarles con Karina en los brazos- tírala a la piscina- dice Carlos y provoca que todos los demás le den la razón-.
-No, si yo ya me voy-susurra Karina cruzando la puerta-.
Carlos agarra la camiseta de Karina y la impulsa hacia atrás cayendo ella de nuevo al suelo.
¡No! ¡Joder, no!
-Venga Dani, no te me vuelvas blando-ríe, la levanta del suelo con brusquedad y la lanza a mis brazos-.
-No me hagas esto, por favor-susurra rota-.
La cojo y la subo a mi hombro como un saco de patatas y me acerco al borde de la piscina.
-Perdóname, Karina-susurro triste, ella aprieta mi camiseta y la lanzo al fondo de la piscina cerrando los ojos para no verla.
Mierda.
¿Y si no sabe nadar?
Cuando sale a flote empieza a chapotear elevando la cabeza para coger aire.
Eso despeja mis dudas.
No sabe nadar.
-Bueno-se acerca Carlos a mi- nos vemos luego si eso tío-choca mi mano-.
-Venga, pues hasta luego-les echo disimuladamente de mi casa-.
Cierro la puerta y miro por encima de la valla para ver si ya se han ido, y así es.
Nada más mirar corro hacia la piscina y me lanzo para socorrer a Karina.
Me mira mientras salta e intenta nadar a mis brazos o a cualquier borde de la piscina, así que nado unos dos metros aproximadamente hasta llegar a ella y la cojo de los brazos, ya que ella no llega al fondo y yo sí, aunque de puntillas.
-¡¿Querías matarme o solo reírte de mí?!-grita mientras llora, pero las lágrimas se camuflan con el agua-.
-Lo siento, de verdad, lo siento-digo arrepentido intentando tranquilizarla mientras subo las escaleras y ella se revuelve-.
-¡Suéltame!-me ordena y la dejo en el bordillo mientras tose-.
-Perdóname, Karina-suplico- ponte recta, te vas a ahogar-le advierto acercándome a ella para ayudarla-.
Se levanta tosiendo sin darme la oportunidad de intentar ayudarla ni tan siquiera y va dirección a su casa.
-Ahora quieres ayudarme, ¿no?-susurra y tose mientras escurre su ropa y su pelo-.
-Ha sido un error, ¡no debería de haberlo hecho!
Oh, Daniel, eso ya lo sabía todo el mundo, ¿a quién se le ocurre? Ah, ya se, a ti-se mofa mi conciencia-.
Agacha la cabeza y abre la puerta que da a su casa.
-Como nuestra amistad, no has tardado ni un mes en romperla, es puro teatro lo tuyo, eso también te parece un error-suspira y cierra la puerta tras de si impidiéndome que la mire más-.
La has cagado Martínez.
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A Que No Me Dejas.
JugendliteraturMe dijiste que me querías. Advertencia: esta historia es completamente mía. Atrévete a copiarla. Siempre encuentro a los inútiles sin imaginación. ¡No copies historias! Att: la amable escritora:)
