Daniel.
-Vamos, cógele el teléfono y dile cuanto le quieres.-digo furioso pero triste.
-Dani solo som-susurra pero le interrumpo.
-Ya.-río falso.- Amigos.-hago una especie de mueca de asco y la cara de Karina se tensa.
-Le quiero.-susurra y algo dentro de mi se rompe de nuevo.
-Eres...-le miro cabreado y muerdo mi labio para no soltar la primera grosería que se me ha venido a la mente.- Olvídame, para siempre.
-Te lo puedo explicar.-eleva el tono de voz y se acerca para agarrar mi mano pero la aparto.
-No quiero tus explicaciones.-niego y mis ojos se empañan.- Soy un gilipollas y un imbécil, por creer que tú podrías quererme tanto como yo te he querido a ti. Llevo meses aquí dentro cuidándote día y noche. Oye, mi reina, ¿te apetece ver la tele? ¿quizás dormir?-niego pensando en lo ciego que he estado y ella llora, se derrumba.-Mira lo que te digo, Frey.-vuelvo al apellido con el que llamaba su atención cuando no me llevaba con ella.- Esto acaba aquí, y... y dile a Jose que te cuide, que tu exnovio es un gilipollas por abandonarte en un hospital.
-Dani.-solloza y sorbe por la nariz.
-Ojalá algún día te mientan tanto como me has mentido a mi.
-No me dejes.-sigue llorando y yo me levanto del suelo.- Dani, ¡no!-se levanta rápida y la detengo parándome en seco.
-¡Que me dejes!-estallo y provoco su silencio.- Dile a tu novio lo hijo de puta que he sido, vamos, díselo, niña buena.-trago saliba y le miro con desprecio.- ¿Cuántos meses lleváis?-se atreve a preguntar mi boca valiente.
-Tres.-murmura y le echo otra mirada de asco.
Escucho una serie de pasos similares a los de antes, y, cuando menos me lo espero, un enfermero se asoma por la puerta.
-¿Qué hacen aquí?-exclama preguntándonos y me mira.
-La he traído a la fuerza.-digo enfadado, venga, Karina, ya sabrás tú lo que es dolor.
-Fuera de aquí, señor.-señala la puerta, miro a Karina, y salgo.
Huyo, a la velocidad que dan mis pies, y escucho gritos.
'Una camilla' se repite constantemente.
Que me olvide, que le jodan, que le quieran, que haga lo que quiera.
Corro enfadado a la puerta del hospital y salgo.
Respiro muy hondo cuando estoy fuera y veo a mi hermana fumando en la puerta.
-¿Dani?-duda frunciendo el ceño y va a mi.
-Vámonos.-digo serio y aprieto los puños.
-De acuerdo.-se ofrece a no preguntar, compasiva, y abre la cajetilla de tabaco que hay entre sus dedos y me ofrece uno.
Diréis, joder, vaya hermana que da tabaco a su hermano.
Ella es mi mejor amiga, sabe cuando y cómo calmarme.
Cojo el cigarro, lo enciende y lo llevo a mis labios, cerrando los ojos y cogiendo aire para que el humo corra por mis pulmones.
-¿A casa?-acaricia el brazo que me queda libre, la miro y asiento.
Pero, me quedo mirándola, y tiro el cigarro al suelo, quitando esa monstruosidad de mi aparato respiratorio, y la abrazo muy fuerte, y me derrumbo en su hombro, y lloro, joder.
Creo que tres capítulos para el final.
No estoy muy feliz, pero me han encantado las ocho mil visitas.
Gracias, gracias y muchísimas gracias.
A quien no le gusten los capítulos tristes que se vaya, ahora que puede.
Valientes lectoras, quedaros para comprobarlo.
Oss quiero.
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A Que No Me Dejas.
Teen FictionMe dijiste que me querías. Advertencia: esta historia es completamente mía. Atrévete a copiarla. Siempre encuentro a los inútiles sin imaginación. ¡No copies historias! Att: la amable escritora:)
