Karina.
Tren con destino a París, Francia, saldrá en diez minutos, vayan entrando sin agolparse, gracias.-escucho a través de los megáfonos.
Me levanto de la dura y metálica silla en la que estaba sentada y vostezo, las estaciones de tren me matan.
Y mira que solo he estado en esta.
Ya sabéis a donde voy, y a quien voy a dejar en tierra.
¿Que si me duele?
Claro, claro que duele.
Es como si te arrancaran una a una las semillitas que habían crecido en tu corazón y que ya habían germinado.
Pero él se lo ha ganado.
Y otra vez, esa pregunta que domina mi cabeza todas las noches, días, madrugadas, tardes, y otra vez, noches.
¿Por qué?
Yo no hice nada, yo no le insulté, no le fui infiel, ningún otro chico ocupó mi mente a lo largo del tiempo en el que Dani se encuentra en mi vida.
Antes era el motivo de mis lágrimas, luego sonrisas, luego lágrimas.
Un efecto yoyó que al parecer es inevitable.
Ando hacia el vagon, sin mirar atrás, aferrándome a mis ganas de olvidar a ese chico que me ha servido más para mal que para bien.
En el viaje de ida hacia la casa de Elena pensaré en todo lo ocurrido, mayormente pensaré en besos, abrazos, piques, caricias, todo lo bueno, porque de lo malo va para rato.
El chico con gorrita que se sitúa a mi lado pide mi ticket para pasar, que le entrego sin complicación, y el me muestra una bonita sonrisa junto un "adelante, disfruta del viaje".
Oh, si, voy a disfrutar mucho.
La ironía-ríe mi conciencia.
Paso con mi maleta y coloco mejor mi pelo.
Avanzo por los pasillos y observo a la gente.
Dos ancianos no tan ancianos mirando un pequeño mapa, una chica con auriculares, otra chica leyendo, una pareja de enamorados, un matrimonio y sus hijos... Y yo.
Me siento en mi respectivo asiento y encojo mis piernas, no sin antes haber dejado la maleta.
Miro por la ventana, respiro y expiro haciendo que esta se empañe un poco.
Y cuando voy a limpiarla la silueta de mi... de Dani, se aproxima corriendo hacia el tren, y yo le miro atónita.
Un guardia le detiene y el patalea en sus brazos, a lo que otro guardia se suma a la lucha por sujetarle.
Y el no para de señalar mi cristal, y la gente del tren lo nota, y yo empiezo a llorar.
Las lágrimas caen sin curso alguno por mis mejillas y poso la mano en el cristal mientras veo que Dani se agobia más y más al ver que el tren comienza a avanzar.
-Adiós, Dani-susurro casi inaludiblemente y aprieto los ojos con fuerza.
Mmm, hola no me matéis.
Antes de nada daros las gracias por esas cinco mil visitas, aunque al día la llevan unas cien personas, pero gracias.
Siento la tristeza de este capítulo, pero me lo pedía el cuerpo hacerlo así.
Y también, muchas gracias por el apoyo en la nota de antes, de verdad.
Os quiere esta autora irresponsablee💜
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A Que No Me Dejas.
Teen FictionMe dijiste que me querías. Advertencia: esta historia es completamente mía. Atrévete a copiarla. Siempre encuentro a los inútiles sin imaginación. ¡No copies historias! Att: la amable escritora:)
