Capítulo 11.

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Daniel.

-Karina, luego hablamos-suspiro, me doy media vuelta pero me para-.

-Por favor dímelo y no te pregunto nada más- agarra mi camiseta y hace un puchero lo que hace que retroceda para mirarla-.

-Cuando te cambies la camiseta hablamos que al final te resfrías, te lo digo  yo-cojo su mano y la quito de mi camiseta-.

Cierro la puerta y voy a mi habitación a esperarla.

Joder, ¿y ahora cómo le digo que me dieron una mala imagen de ella y me lo creí?

Me puede odiar, es más, estoy casi seguro de que lo hará y no quiero, no puedo perder a una amiga así.

Me sitúo en el umbral de la puerta esperando a que salga.

La puerta de la habitación se abre y sale ella cerrando la puerta tras de si.

Es como una muñeca de estas súper nuevas que se compran todas las niñas.

No exagero.

Es bajita, delgada, pero lo justo, y en lo único en lo que no se parece a estas son los ojos y el pelo, ambos castaños, el pelo más oscuro, los ojos más claros.

Se acerca hacia mi y cruza ambos brazos, lo que provoca una risa mía por su imagen.

-¿Te estás riendo de mi?-eleva una ceja y esboza una pequeña sonrisa-.

Si.

Si, socorro.

Tendríais que verla...

Mi camiseta le queda tremendamente grande, por su estatura.

-Es que mi camiseta y tu pose-intento contener la risa pero estallo a carcajadas- lo siento-río más y se me saltan hasta las lágrimas-.

Agacha la cabeza y se muerde el labio intentando ocultar una sonrisa que asoma entre sus dientes.

No le gusta para nada darme la razón.

Es muy orgullosa.

Estira la camiseta mostrando lo que sobra y eleva la mirada hasta toparse con la mía.

-Eres un gordo-ríe y suelta la camiseta- ¿cómo te compras esta camiseta tan grande?-la vuelve a agarrar y hace hondas con ella.

-Es obvio-río- para cuando vienen chicas y no tienen para cambiarse-digo con aires de chulería y peino mi flequillo hacia arriba haciendo que ella bufe-.

-Bueno, a lo que íbamos-murmura y se adentra en mi habitación- ¿Por qué no lo hiciste?-se desespera por mi respuesta-.

Se sienta en mi cama y yo a su lado.

-No me mates-suplico mirándola-.

-¿Cómo te voy a matar, Dani?- eleva las manos frustrada y suspiro-.

-Me dieron una muy mala imagen de tí-peino mi flequillo nervioso- decían que no me juntara contigo si no quería salir mal parado y yo cuando llegué a ese instituto era muy inseguro y no quería arriesgarme.

La he cagado.

Ha cambiado su sonrisa por una expresión de pena que aumenta por momentos.

¡No, joder!

-Ahora sabes que las apariencias engañan, y no todo lo que dice la gente es verdad, ¿para qué voy a querer hacer pasar mal a una persona?-susurra y me termina de romper-.

-Kari, yo era muy inseguro pero he rectificado a tiempo y-intento decir pero me interrumpe-.

-¿A tiempo?- me mira con los ojos aguados- ¿Dos años son a tiempo?-susurra triste-.

Se levanta y va hacia las escaleras y empieza a bajarlas, y yo me voy a tragar el orgullo, me rebienta verla así.

Baja hasta el piso de abajo y la paro.

Esta noche la va a pasar sola, como la anterior, y la anterior, como hace casi medio mes.

Sus padres han ido de viaje y me niego a que pase otra más.

Hoy no me voy a dormir hasta que ella está durmiendo aquí.

-Karina para-agarro su camiseta y tiraba en contra mía, tiro un poco más y parece que hace un efecto " yoyó"  y choca contra mí- hoy duermes en mi casa, sea en el sofá o en una cama o en el suelo, conmigo o sin mí, tu casa está desierta.

Se gira y una lágrima resbala por su mejilla, y mi cuerpo pide a gritos que la abrace, joder, y eso es lo que hago.

-No llores más, me derrumbas, Karina- suspiro y me siento en el sofá con ella todavía abrazada a mi, y solloza en mi pecho- duerme, mañana es fiesta, puedes dormir hasta la hora que te de la gana marmotilla-intento destensar el ambiente usando esa palabra, le encanta-.

Asiente con la cabeza y se acurruca en mi hombro.

Acaricio su pelo y ella relaja su respiración.

Hago el amago de levantarme, solo es para acomodarme, pero ella nota como si me fuera, ¡estaba ya casi dormida!

-No te vayas, por favor-susurra adormilada y coge mi mano-.

-No me voy a ir-dejo un beso en su pelo y subo los pies al sofá-.

Menudo día le he dado...



A Que No Me Dejas.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora